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Agromedicina: El buen negocio de prevenir

En todos los ambientes sociales se observa una escasa tendencia a los cuidados de la salud.

En todos los ambientes sociales se observa una escasa tendencia a los cuidados de la salud y el ámbito agropecuario no es la excepción. La creencia de la infalibilidad de nuestro organismo, así como el desconocimiento, falta de recursos u opciones y la tendencia a menospreciar a la enfermedad, nos lleva a situaciones de riesgo, que se podrían haber evitado o minimizado.

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Miércoles 10.02.2010
"La agricultura se ve muy fácil cuando tu arado es un lápiz, y que está a mil kilómetros del campo de maíz". D. Eisenhower

El productor agropecuario está expuesto a múltiples riesgos y enfermedades propias de la actividad, algunas de la cuales no pueden ser eliminadas. Si en cambio, pueden prevenirse muchas de ellas.

¿Pero existe la formación sanitaria necesaria para prevenir dichas agresiones?

Más importante aún, ¿existe predisposición del productor a recibir dicha información y posteriormente aplicarla en hechos concretos para cuidar su salud?

En todos los ambientes sociales se observa una escasa tendencia a los cuidados de la salud y el ámbito agropecuario no es la excepción. La creencia de la infalibilidad de nuestro organismo, así como el desconocimiento, falta de recursos u opciones y la tendencia a menospreciar a la enfermedad, nos lleva a situaciones de riesgo, que se podrían haber evitado o minimizado.

En términos sanitarios, la actividad agropecuaria es una de las más peligrosas, disputando el primer puesto con el trabajo de la construcción, de allí la trascendencia de la formación y educación a los productores y trabajadores del medio rural.

Los problemas de columna, problemas articulares, accidentes con secuelas incapacitantes, tumores de piel, problemas de audición, mordeduras o picaduras de animales e insectos, trastornos psicológicos, stress, adicciones, son algunos de los cuadros producidos frecuentemente por la actividad rural.

Estos problemas de salud, además de su componente de sufrimiento familiar y personal, tienen un componente económico, que repercute de diferentes maneras en el "presupuesto" del productor ya que los gastos generados en tratar estas patologías, van a ser cubiertos por la obra social (en caso de tenerla el paciente), la salud pública o el mismo productor en forma total o parcial.

Pero también el tiempo de inactividad o de postración, hasta la recuperación, puede ser variable, y va a incidir en la productividad y rentabilidad de su producción. Entonces es fundamental aceptar que nuestra salud, es un "costo variable" adicional de nuestra producción. Es variable ya que puede ser muy grande o muy pequeño y dependiente de la manera en que actuemos en nuestro medio laboral y social.

Vamos a ejemplificar lo dicho anteriormente: al comienzo de nuestra actividad productiva (generalmente al ser jóvenes), veremos que nuestros gastos en salud son inexistentes, pero que a medida que pasan los años empiezan a aparecer estos gastos, ya que nuestro cuerpo empieza a sentir el efecto de las agresiones sufridas durante las jornadas laborales. Posteriormente estos gastos se hacen crónicos, es decir año a año, campaña a campaña y van a aumentar o no, en base a cuánto trabajemos. A mayor actividad productiva (horas al sol, horas de esfuerzo, grandes distancias recorridas), vamos a tener mayores dolores, mayor stress, mayor cansancio, mayor probabilidad de accidentes, etc. y por ende mayores gastos en tratar estos malestares (medicamentos, tratamientos y consultas médicas).

Pongamos el siguiente ejemplo: un pequeño productor agropecuario que trabaja su porción de tierra, sin tener los cuidados necesarios de su salud, por los sucesivos esfuerzos con elementos pesados (bolsas de semillas, repuestos mecánicos, etc.) sufre a los 4 años de trabajar en su producción, una lesión en la columna, con dolores, que le impiden seguir con sus tareas habituales. Para solucionar este problema consulta al médico que le indica medicación diaria y rehabilitación kinesioterápica. Como todos sabemos, la actividad en el campo no para, por lo que el productor tampoco se detiene y sigue realizando sus actividades.

A su vez este productor en su afán de desarrollarse y crecer económicamente, empieza a trabajar el lote de campo vecino al suyo y así aumenta su esfuerzo y por ende sus dolores, sus visitas al kinesiólogo, al médico y a la farmacia. Las molestias siguen y se hacen crónicas, al igual que los tratamientos de rehabilitación y la ingesta de medicamentos. Año a año, el gasto en salud de este productor fue in crescendo, teniendo como final, un individuo con una incapacidad que limita su actividad productiva. Es decir con el paso del tiempo aumentó el gasto en salud y disminuyó su ingreso económico, al disminuir su capacidad de generar recursos.

La pregunta es: ¿qué alternativa tiene el productor para cuidar su salud, sino puede dejar de trabajar?

Hay que evitar llegar a estas situaciones y para ello se debe entrenar y formar a los productores en aspectos sanitarios y de cuidados de la salud. Es fundamental entender lo barato que es prevenir. Debemos convertir la higiene y salud en algo positivo en las actividades productivas, hacer comprender el gran valor social y económico que tiene para los productores su salud física y mental.

Todos los participantes de la cadena agrícologanadera, empresas de agroinsumos, organismos oficiales, cooperativas, acopios, asociaciones de productores, obras sociales, etc., deben generar dentro de sus distintos ámbitos de acción, las actividades necesarias para mantener la salud del capital humano, que son los productores.

"Para el productor tener buena salud es un buen negocio, como tener la mejor tecnología, el mejor suelo, la mejor semilla e implican en conjunto, mejor producción y mayor rédito económico". Esto es conveniente para todos los que participan del negocio agropecuario.


Dr. Marcos Grigioni
mgrigioni2@hotmail.com

 

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