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Ser diferente, un salto al éxito
Las empresas deben resistirse a la tentación de crecer agregando productos y servicios bajo una misma marca. Según el experto en Marketing, Al Ries, lo correcto es tomar en cuenta la ley de la divergencia: toda categoría se divide cuando madura y hay que lanzar marcas adicionales, inéditas, con identidad propia.
Las razones del éxito personal, laboral o empresarial comienzan siempre con algo muy simple y a veces olvidado: tener claras las metas
Las empresas deben resistirse a la tentación de crecer agregando productos y servicios bajo una misma marca. Según el experto en Marketing, Al Ries, lo correcto es tomar en cuenta la ley de la divergencia: toda categoría se divide cuando madura y hay que lanzar marcas adicionales, inéditas, con identidad propia.
Esto que se desarrolla en el plano de las compañías y sus estrategias comerciales, es perfectamente aplicable a los planes que cada uno desarrolla para conseguir y conservar el empleo, señala José María Blunda, experto en Desarrollo y Capacitación de Recursos Humanos.
¿Cuál es su mercado? Ante los cambios en el trabajo, en el que las personas se contratan en función de un conjunto de responsabilidades y tareas, "las empresas no tienen puestos a ofrecer, sino problemas que solucionar", aclara Blunda. Desde esta óptica, no hay que buscar empleos, sino oportunidades en el mercado laboral.
"Esas oportunidades podrán estar explicitadas en avisos de diario o encubiertas detrás de un nuevo cambio aún no comprendido por las empresas, un servicio inexistente o un problema crónico en las organizaciones", puntualiza.
Por eso, sugiere no salir a buscar un puesto, sino oportunidades (necesidades insatisfechas por el mercado laboral). Con ese fin, el postulante tiene que actuar como un auténtico vendedor, "dispuesto a identificar las necesidades insatisfechas que correspondan a los servicios que él puedo ofrecer y relacionarlas con sus aspectos más fuertes", dice el especialista.
Para encarar esa misión, apunta Blunda, es clave el autoconocimiento del perfil, potenciando las fortalezas que lo convierten en un trabajador único y diferente (gustos, motivaciones laborales, funciones que le agradan, desarrollo de carrera). "Pasión, gusto y motivación son aspectos claves para la calidad de trabajo.
Acá radica la fuerza que permite poner nuestra firma personal a los empleos. No hay que dejar de conectarse con estas y conocer dónde se encuentran sus principales fuentes de combustible", acota. En el proceso de selección, algunas empresas solicitan a los postulantes que agreguen sus valores personales más sobresalientes dentro de sus currículum vítae. A menudo, estos son verificados, luego, durante la entrevista personal.
Tanto en la búsqueda de empleo como en la dura tarea cotidiana de conservarlo, cualquier persona debe trabajar en funciones que permitan que aflore lo mejor de cada uno. Y aquí suma el temperamento. "Es creciente el acento que ponen las empresas no sólo en los aspectos técnicos del postulante o empleado, sino también en aspectos de su personalidad.
El saber ser puede aportarle aspectos únicos y valiosos en el mercado del trabajo. Por eso es necesario contactarse con las fortalezas también en el plano de la personalidad y ofrecer esos talentos al empleador", afirma.
"Este enfoque basado en ser diferente con el uso de las fortalezas es una efectiva manera de incrementar las posibilidades de conseguir empleo y conservarlo. La competencia y el cambio permanente lo requieren", finaliza.
Animarse a correr riesgos, pero con pensamiento positivo
Las razones del éxito personal, laboral o empresarial comienzan siempre con algo muy simple y a veces olvidado: tener claras las metas. "Si no tenemos metas claras y verdaderas, es decir, duraderas, nos puede pasar de perdernos sin encontrar el rumbo, o de encontrar lo que presuntamente queríamos, y que no sea ese el verdadero objetivo que anhelábamos", manifiesta Graciela Chamut, Magister en Dirección Ejecutiva de Empresas.
Una vez definida la meta, es bueno poder planificar. "Y esto está vinculado con ver los objetivos que tenemos que ir logrando para llegar a esa meta ansiada, darnos un tiempo, poner objetivos de corto y mediano alcance. Pensar qué necesitamos, en términos económicos, para llevar a cabo esos objetivos", expresa la especialista.
En esta situación se deben tomar en cuenta las herramientas, máquinas, conocimiento especial, idiomas o libros que se necesitan para alcanzar el objetivo. "Si es un problema conseguirlos, debe idearse cómo lograrlos con un costo menor", sostiene la experta.
También es fundamental pensar qué personas pueden ayudarnos a llegar a esos objetivos, a través del intercambio de conocimientos o apoyo moral.
"Es importante tener un plan ‘B", por si no salieran las cosas como las queremos, para tener presentes otras posibilidades que nos permitan conseguir nuestra meta por otros caminos", sugiere Chamut.
Un ingrediente esencial del éxito es la capacidad de hacer buenas relaciones con las personas, aun las que parecen menos importantes para el proyecto o por la jerarquía que tienen. "Un ingrediente clave del éxito, del verdadero y de largo plazo, del que se sostiene en el tiempo y consigue adeptos, es otorgar vital importancia a los valores", afirma la coach ontológico.
En esta tarea, caben algunos interrogantes: ¿esto que busco, es bueno? ¿va a ser bueno para mí? ¿mejorará, o por lo menos, no va a perjudicar a otros? "Parece simple, pero es una condición importante del éxito: que les sea de utilidad, que sirva a los demás. Por eso la pregunta a hacerse es: ¿qué necesitan los otros? La empresa, mi jefe, mi familia. Y la segunda pregunta: ¿cómo puedo yo, con mis capacidades, mis talentos, mis habilidades, ayudarlos a lograrlo?", acota Chamut.
Una clave de la estrategia competitiva es ser verdadero, ser auténtico, y pensar en los otros al definir la meta. "Animarse a correr riesgos, y tener pensamiento positivo, que nos permita ser perseverantes. El éxito se logra siempre que persistimos. Los grandes hombres no hablan de fracasos, hablan de etapas, en las que se fue cimentando su plan", indica la especialista.
En suma, para alcanzar el éxito, Chamut sugiere una suerte de ocho mandamientos: metas claras; planes definidos; recursos materiales necesarios; personas que puedan ayudar; buena relación con la gente; valores éticos, pensamiento positivo y, por sobre todo, perseverancia.
La competitividad no es hija de la diosa fortuna
El mundo laboral se torna cada vez más competitivo. Por esa razón, la oferta laboral se torna infinita y, en muchos casos, no es suficiente para atender la demanda específica de las empresas. La supervivencia de un empleado, ejecutivo o líder en las organizaciones pasa por generar el valor agregado suficiente que los diferencien del resto. Y, en ese sentido, mucho incide la forma de encarar los problemas y encontrar las soluciones a los desafíos que se presentan cotidianamente.
Javier Repiso, experto de Norconsulting Consultoría y Capacitación Comercial, toma en cuenta la conducta que los Recursos Humanos tienen a la hora de presentarse una oportunidad de ascenso o una problemática laboral.
"Los perdedores piensan que pueden empezar desde arriba porque tienen algún talento. No están dispuestos a adquirir el entrenamiento y la experiencia necesarios para alcanzar las altas posiciones. Les aterra dar los pequeños primeros pasos que con el tiempo podrían conducirlos al éxito", señala Repiso.
En cambio, agrega, "los triunfadores se ponen en marcha. Comienzan recibiendo educación o entrenamiento, entonces aceptan cualquier empleo que con el tiempo les dará la experiencia que necesitan. Ellos saben que el talento es 99% transpiración". La competitividad laboral no depende de la suerte. Hay que forjarla diariamente.
El pensamiento ganador
- Según Repiso, los triunfadores avanzan como pueden y crean sus oportunidades mediante un duro trabajo.
- Se ponen a trabajar ahora mismo. Tienen poco tiempo para preocuparse por el ayer o especular respecto de mañana.
- Organizan su tiempo y llenan de actividades cada minuto libre. No creen que la suerte sea responsable del éxito.
- El triunfador siempre tiene un proyecto.
- Cuando comete un error dice: "yo me equivoqué".
- Es siempre parte de una solución. Dice: "déjame hacerlo".
- Se siente responsable por algo más que su trabajo.
- Simplifica lo complejo y construye su destino.
- "Yo soy bueno, pero no lo suficiente como me gustaría ser".
- El triunfador escucha, comprende y responde. Respeta a aquellos que son superiores a él y trata de aprender algo de ellos.
La manera de obrar del perdedor
- Los perdedores dedican un mínimo esfuerzo al trabajo y van envejeciendo mientras esperan que les llegue "la" oportunidad.
- Hablan mucho sobre el pasado y el futuro. Emplean razonamientos para postergar la acción productiva de hoy.
- No saben planificar en forma adecuada y desperdician un tiempo precioso aguardando a "la señora suerte".
- El perdedor siempre tiene una excusa.
- Cuando comete un error, dice: "no fue mi culpa".
- Es siempre una parte del problema. Dice: "ese no es mi trabajo".
- No colabora y dice: "yo sólo hago mi trabajo".
- Complica lo simple y acepta su destino.
- "Yo no soy tan malo como lo es mucha otra gente".
- El perdedor sólo espera que le toque su turno para hablar. Se resiente con los que son superiores y trata de encontrarles fallas.
La Gaceta
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