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Historia de un ligero

De todas las historias que escuchamos nos cautivó la de "Potilingo", el caballo que - según el viejo narrador - había ganado más cuadreras en Puntas del Sauce Verde y en más de cincuenta pueblos a la redonda hace muchos años atrás, que todos los pingos juntos.. Dicen que un hermano de Potilingo, "Goiango" fue famoso en el Brasil y ganó carreras en varios Estados.

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Miércoles 08.08.2007Esta historia nació junto a un mostrador, en un bar de la Zona Este, en una noche en que el tema burrero surgió como por arte de magia.

De todas las historias que escuchamos nos cautivó la de "Potilingo", el caballo que - según el viejo narrador - había ganado más cuadreras en Puntas del Sauce Verde y en más de cincuenta pueblos a la redonda hace muchos años atrás, que todos los pingos juntos.. Dicen que un hermano de Potilingo, "Goiango" fue famoso en el Brasil y ganó carreras en varios Estados. "Mire, el dueño de Potilingo todavía vive, se llama Osmín Díaz y es hermano mío, por parte de madre...".

Las notas periodísticas suelen tener un entorno que a veces la gente no llega a percibir. Nos referimos a las peripecias que deben pasar los cronistas para lograr su cometido. Ese entorno, que no trasciende al lector, o al escucha, dejan huellas en el hombre de prensa.

Dicen Que en el New York Time, Washington Post, Corriere Della Sera, Le Figaro, Cuenca Rural y otros diarios famosos, como Clarín, Folha, El Mercurio, eso no sucede, pero, por aquí, por Puntas del Sauce Verde donde todo es casero, pasan.

Don Osmín vivía a unos tres kilómetros al norte de la ciudad, en un paraje cuyo nombre está en desuso y hasta allá nos fuimos con el fotógrafo, ¡en bicicleta!.

Ocurrió que la moto del fotógrafo se descompuso, de los compañeros de Redacción, quien tenía auto fue a pie, otro se marchó antes, un tercero le dejó el vehículo a su mujer, la moto del diario estaba en el taller y yo ando en ómnibus.

Lo único que pudimos conseguir fue la bicicleta del repartidor que nos hizo más recomendaciones con la misma que hasta nos daba miedo pedalear. Como un chiclet globero, dos en uno, partimos al atardecer alumbrándonos con una linterna que manoteamos de pasada porque la "chiva" ni un ojo de gato tenía. Atravesamos esos suburbios de Dios, ¡unos andurriales!, girando por cada recoveco para finalmente, y con bastante dolor, llegar al lugar ansiado.

Don Osmín nos recibió y atendió como si nos conociera de toda la vida. Puso agua en la pava, le cambió la yerba al mate y nos hizo sentar en unos taburetes que tenía junto al fogón.

Nuestra racha adversa seguía en tanto ya que a poco de comenzar a charlar, el grabador se quedó sin pilas y tuvimos que seguir anotando en trozos de papel de estraza ... "que yo tenía para otros menesteres, pero, a falta de pan...", dijo el gaucho viejo mientras me los entregaba, salvándonos del trance. Para colmo de males, su farolito a querosén apenas alumbraba. "Esperen que les prendo unas curuyas para que les resulte más segura la apuntada", dijo levantándose y trayendo dos de esos extraños mecheros caseros.

- Puesi mi amigo, no hubo, no hay, ni habrá, caballo que emparde las hazañas de Potilingo, no tuvo igual ese pingo, delo por hecho, ¡que Dios lo tenga en la gloria a ese noble bruto!.

- ¿Cómo era físicamente?

- No muy grande, fuerte y compadrón. Era un pangaré, es decir, de un color amarillo casi bronceado, algo desteñido en las patas. A ojos vistas nadie daba un vintén por su suerte, y esa, fue su carta de triunfo.

- ¿Las carreras ganadas fueron ciertas o la fama puro cuento?

El viejo sonrió prudentemente y sin prisas respondió,- No es una historia de tango mi amigo.- Calló brevemente, sus manos buscaron en el fogón una ramita para encender su chala y prosiguió: No hubo pueblo de la región donde no hubiéramos estao. La plata que gané con ese animal es incalculable, era un Rey Midas de la campaña, pero mire, que no solo de esto he vivido, no se vaya a creer que está hablando con un timbero nada más. He trabajado mucho en la vida, en todas las labores del campo, pero, uno trabajando de peón, sobrevive nomás. Es muy peliaguda la cosa, se gana poco y se sufre mucho. Con decirle que hasta hoy ando a las vueltas por una pensión.-

Hace una pausa, da una pitada, suelta el humo que en un alegre espiral, sube y sube, y se lanza nuevamente al relato.

- Como le iba diciendo, ya cuarentón me hice andante, se me metió en el marote recorrer mundo, salir de estancias y galpones y me dediqué a las riñas, a los naipes y a la taba, en épocas de elecciones. Consideré que ya había doblado mucho el lomo en la vida como para empezar a cambiar. Claro, uno si se dedica a eso es malmirado, pero, en lo otro es explotado y esa misma gente ni siquiera lo mira, cuantimás dice "pobre hombre". Y fue en estas lídes que gané a Potilingo allá por Zanja del Tigre.

El dueño me dijo que tenía sangre de carrera, antepasados muy ilustres en Inglaterra y que de una cría que vino para acá nació este rey de las cuadreras. Lo probé un domingo en una kermés, no fue ni carrera. Di revanchas hasta cansarme, y desde entonces, hice plata a cara de pichicho.

- Y si era tan famoso, ¿cómo le volvían a correr?

- Ahí está el asunto pues, nosotros íbamos de pueblo en pueblo y nunca repetíamos un lugar. Además tuve una virtud que fue comprarme un carrito, lo prendí entre varas y como caballo de tiro llegábamos a los poblados. ¿Se imagina llegar a un lugar como un carrero más y en esas trenzadas bolicheras empezar a tirar la lengua?, eso si, sin ofender, porque la gente de afuera es delicada. La voz se corría en el pago y siempre había alguno queriendo hacer un peso fácil y Potilingo los perdía en la polvareda.

- ¡Muchas gracias don Osmín!

- No hay de que. Vuelvan cuando quieran.

Regresamos en plena noche y si les dijéramos quebramos la horquilla, sufrimos contusiones varias y las fotos se velaron, ¿nos creerían?.

- Lo único que nos falta es que esta historia sea una mentira.- Dijo el fotógrafo mientras caminábamos en medio de la ruta pateando piedritas, arrastrando la porquería, rumbo a la ciudad.

 

 

Carlos María Cattani
camaca.laprensa1@gmail.com

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