Cuenca Rural

Miércoles, 23 de Mayo de 2012
Registro
Recuperar Clave Registrarse
Usted se encuentra en: Lo Nuestro De Historias y Recuerdos Archivo de Lo Nuestro, De Historias y Recuerdos
Búsqueda personalizada
Llovizna
16°C Llovizna
Buenos AiresCambiar
Elige Ciudad

Lo Nuestro | De Historias y Recuerdos

Recuerdo de épocas y de caminos puntanos

San Luis ama a un poeta que entre sus méritos ostenta el de enlazar su nombre a los fervores de los años iniciales de la patria: Juan Crisóstomo Lafinur, nacido a fines del siglo XVIII en un paraje perdido de las sierras. Su padre buscaba oro y lo encontró en un sitio que denominó La Carolina, sin duda para congraciarse con el rey Carlos. Se llega desde la capital provincial tras dos horas de recorrer un magnífico camino de montaña, maravilloso en ciertos tramos.

Compartir nota Compartir nota Enviar esta nota por mailEnviar nota Imprimir notaImprimir nota Agrandar el tamaño del texto Ampliar texto Disminuir el tamaño del textoDisminuir texto
Enviar la noticia por e-mail


Sábado 26.03.2011San Luis ama a un poeta que entre sus méritos ostenta el de enlazar su nombre a los fervores de los años iniciales de la patria: Juan Crisóstomo Lafinur, nacido a fines del siglo XVIII en un paraje perdido de las sierras. Su padre buscaba oro y lo encontró en un sitio que denominó La Carolina, sin duda para congraciarse con el rey Carlos.

Hoy, junto a los restos de la que fue casa natal del poeta y próximo al socavón de la mina y al hermoso pueblito que preserva aquel nombre colonial, se ha hecho un centro de peregrinaje poético, al que acudimos con María Kodama, entre otros, madrina del lugar debido a la vinculación de Borges con Lafinur, una de las tantas curiosidades que cabe hallar en la compleja genealogía del autor de "Ficciones".

Se llega desde la capital provincial tras dos horas de recorrer un magnífico camino de montaña, maravilloso en ciertos tramos. La gracia principal de San Luis "de la Punta de los Venados" es que no bien se sale del sector urbano, ahí no más, a un paso, ya está la sierra y es una sierra escarpada y llena de contrastes. Abajo, la pampa verde y tersa, y arriba, la serranía gris, con trepadas y hondonadas, con acequias y represas, con roca viva y montes achaparrados de vegetación xerófila.

La ruta serpentea, asciende y bordea declives, en tanto se avistan divisorias de pircas y, a lo lejos, un desierto de horizonte quebrado. Y antes, cuando no se conocía la facilidad del automóvil, ¿cómo hacía la gente para llegar a estos rincones de donde el diablo perdió el poncho?

Es que acá había otros criollos, otros gauchos que no son los que atesora el imaginario popular: no iban a caballo, mayormente, sino en burro y quién sabe cuánto tiempo les llevaría el trayecto. Eran otros gauchos; gauchos curtidos en un medio distinto al de la llanura y también con virtudes que no son las del modelo arquetípico. Recordé unos versos de Lugones: "Yo que soy montañés sé lo que vale la amistad de la piedra para el hombre".

Es que al mundo lo hacemos nosotros: el indio recorría estas comarcas a pie. El español trajo el caballo y el caballo inventó la pampa, la planicie interminable en la que las rastrilladas encauzaban el tránsito de las carretas siguiendo aguadas y bebederos y atentas a veces a los vados, a veces a los terrenos altos. Más tarde, el ferrocarril dio preferencia a terrenos más nivelados para asentar sus rieles y cada una de esas transformaciones alteró el mapa y llevó la población de uno a otro lado.

El viejo camino a Chile

Hay en San Luis un ejemplo muy patente de esos cambios: el viejo camino a Chile tras dejar Río Cuarto pasaba por Achiras y, ya en tierra puntana, por San José del Morro, a la sazón poblado importante y hasta floreciente.

Al Sur se abría la tierra incógnita, el país de los indios bravos. Pero, con el correr del tiempo, éstos se fueron alejando y, para evitar las cuestas, muchos viajeros prefirieron ir por el borde del Río Quinto, en cuyas cabeceras existió la llamada posta de Las Pulgas, famosa por haber hecho alto en ella algunos personajes ilustres, como monseñor Mastai Ferretti -futuro Pío IX- y Charles Darwin.

Pero cada tanto los ranqueles volvían a las andadas. Los malones cruzaban ese río que no era límite de nada y llegaban en sus depredaciones hasta el propio Concarán. Se estableció entonces en ese punto, ya en plena llanura pero puerta del consolidado dominio cristiano en las sierras, el Fortín Constitucional, donde después se alzó Villa Mercedes, a menudo Mercedes a secas, que así le llaman sus habitantes seguramente por entender que eso de "villa" les va en menos.

Está en un área completamente llana y ésa fue buena razón para que un día llegara bufando la locomotora y comenzara el gran progreso local, en tanto los antes prósperos El Morro y Renca se sumían paulatinamente en la insignificancia. Hasta entonces había un San Luis de sierras y travesías, de valles y de límpidos arroyuelos, primero comechingón y huarpe y después criollo; al Sur y al Este, otro San Luis que había sido ranquel daría criollos hijos de gringos.

Fernando Sánchez Zinny
La Nación
Ingresar Comentario

Búsqueda personalizada
Archivo CuencaRural Desarrollado por Osmosis
Copyright © 2008 www.cuencarural.com - Todos los derechos reservados.