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Recuerdos de rayos y de tormentas bravas
Más allá de que ciertas razones que las provocan tengan causas meteorológicas determinadas, las tormentas de verano podrían definirse como uno de los fenómenos más eventuales que existen. Su aparición es en general tan sorpresiva como suelen ser devastadores sus efectos y consecuencias.
Sábado 12.02.2011Más allá de que ciertas razones que las provocan tengan causas meteorológicas determinadas, las tormentas de verano podrían definirse como uno de los fenómenos más eventuales que existen. Su aparición es en general tan sorpresiva como suelen ser devastadores sus efectos y consecuencias.
En circunstancias como la acontecida el mes pasado, cuando por efecto de la tormenta varias personas murieron, se rememoran casos trágicos similares acontecidos en el campo, con gente o animales que fueron alcanzados por descargas, en su mayoría mortales, y que por más que pase el tiempo permanecen vivos en la memoria.
Existen, de acuerdo con esos testimonios, algunas teorías que, aunque cuentan con algunos elementos científicos que las fundamentan, también tienen su aporte folklórico que las ha llevado un poco más allá de lo comprobable. Según se sostiene en ellas, ciertas causas o comportamientos de la gente podrían servir de atracción para las descargas eléctricas, como se sostiene que sucede con los animales de pelaje claro, los que de acuerdo a ese planteo son mucho más propensos que los de tonalidades más oscuras. Hay casos que, según cómo se los observe, podrían probar estas afirmaciones, y otros que por más que se les busque explicación parecen más obra de la fatalidad que de cualquier acción que puedan tomar, consciente o deliberadamente, quienes son víctimas de los mismos.
Se recuerda vagamente el caso ocurrido en un puesto de la estancia Los Riojanos, en el que murió Claro Rollerí mientras permanecía dentro del rancho en que habitaba, guarecido de una de esas "tormentas bravas" a las que le tenía un miedo casi traumático. Sin embargo la fatalidad lo persiguió hasta ese lugar y la descarga ingresó por un alambre que sostenía una de las cumbreras. Más reciente, pero también de triste memoria, fue lo que le sucedió a Mariano Ludueña, a quien hallaron tendido en medio del campo tras ser alcanzado por una descarga fatal cuando se dispuso a regresar a su puesto en medio del temporal, contrariando a quienes le recomendaban permanecer "hasta que descampe" en aquel famoso boliche Tome y Traiga, del cual partió envalentonado por algunas copas a encontrarse con su final trágico y prematuro.
Pero si de animales se trata, es frecuente que al dar el anca al temporal sean arreados hacia un alambrado, punto en el que permanecen estáticos soportando las inclemencias. Es entonces cuando la centella que se proyecta a través de los alambres también proyecta la corriente a los vacunos fulminándolos al instante. Así ocurrió una vez en el puesto La Seca, cuando tres vacas aparecieron muertas tras una tormenta. Una de ellas era de Oscar Antonelli, uno de los peones que sólo tenía cuatro en total en ese campo de 700 hectáreas donde pastaban plácidamente otras seiscientas de propiedad del patrón. Cuando le dieron la triste noticia respondió con la resignación de quien no espera golpes de suerte: "Al que tiene se le mueren", y empezó a afilar el cuchillo para cuerear la osamenta desafiando las teorías populares.
Horacio Ortiz
La Nacón
En circunstancias como la acontecida el mes pasado, cuando por efecto de la tormenta varias personas murieron, se rememoran casos trágicos similares acontecidos en el campo, con gente o animales que fueron alcanzados por descargas, en su mayoría mortales, y que por más que pase el tiempo permanecen vivos en la memoria.
Existen, de acuerdo con esos testimonios, algunas teorías que, aunque cuentan con algunos elementos científicos que las fundamentan, también tienen su aporte folklórico que las ha llevado un poco más allá de lo comprobable. Según se sostiene en ellas, ciertas causas o comportamientos de la gente podrían servir de atracción para las descargas eléctricas, como se sostiene que sucede con los animales de pelaje claro, los que de acuerdo a ese planteo son mucho más propensos que los de tonalidades más oscuras. Hay casos que, según cómo se los observe, podrían probar estas afirmaciones, y otros que por más que se les busque explicación parecen más obra de la fatalidad que de cualquier acción que puedan tomar, consciente o deliberadamente, quienes son víctimas de los mismos.
Se recuerda vagamente el caso ocurrido en un puesto de la estancia Los Riojanos, en el que murió Claro Rollerí mientras permanecía dentro del rancho en que habitaba, guarecido de una de esas "tormentas bravas" a las que le tenía un miedo casi traumático. Sin embargo la fatalidad lo persiguió hasta ese lugar y la descarga ingresó por un alambre que sostenía una de las cumbreras. Más reciente, pero también de triste memoria, fue lo que le sucedió a Mariano Ludueña, a quien hallaron tendido en medio del campo tras ser alcanzado por una descarga fatal cuando se dispuso a regresar a su puesto en medio del temporal, contrariando a quienes le recomendaban permanecer "hasta que descampe" en aquel famoso boliche Tome y Traiga, del cual partió envalentonado por algunas copas a encontrarse con su final trágico y prematuro.
Pero si de animales se trata, es frecuente que al dar el anca al temporal sean arreados hacia un alambrado, punto en el que permanecen estáticos soportando las inclemencias. Es entonces cuando la centella que se proyecta a través de los alambres también proyecta la corriente a los vacunos fulminándolos al instante. Así ocurrió una vez en el puesto La Seca, cuando tres vacas aparecieron muertas tras una tormenta. Una de ellas era de Oscar Antonelli, uno de los peones que sólo tenía cuatro en total en ese campo de 700 hectáreas donde pastaban plácidamente otras seiscientas de propiedad del patrón. Cuando le dieron la triste noticia respondió con la resignación de quien no espera golpes de suerte: "Al que tiene se le mueren", y empezó a afilar el cuchillo para cuerear la osamenta desafiando las teorías populares.
Horacio Ortiz
La Nacón
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