Lo Nuestro | De Historias y Recuerdos
Una palabra que se nos va a campo traviesa
Me llamó la atención ese uso y barrunté que él venía a completar el ciclo y a designarnos a todos, asimilados con simpática amplitud a aquella condición con visos de leyenda, igual que antaño "cristiano" era sinónimo de "persona". Y no pude menos que recordar a don Félix Coluccio cuando aseveraba que todos somos gauchos. Lo que el uso abarca
Nuestro chofer es ingeniero agrónomo, hombre muy de cultura y muy del campo y que ha recorrido el mundo con motivo de trabajos y estudios. Interesa, pues, su testimonio.
-¿Por qué le dice gaucho? ¿Qué significa gaucho?
-Bah... No sé, para mí es como decir "tipo" o "flaco".
Me llamó la atención ese uso y barrunté que él venía a completar el ciclo y a designarnos a todos, asimilados con simpática amplitud a aquella condición con visos de leyenda, igual que antaño "cristiano" era sinónimo de "persona". Y no pude menos que recordar a don Félix Coluccio cuando aseveraba que todos somos gauchos.
Lo que el uso abarca
Es vastísima la polisemia que acompaña a esa designación, sea como sustantivo o como adjetivo. Ha sido interpretada, según épocas, zonas y ocasiones, de los modos más variados y dispares: habitante menesteroso de las praderas del Plata, trabajador rural seminómada, salteador, harapiento vigía del desierto, mozo abandonado y "mal entretenido", jugador, cantor mítico, pendenciero, corajudo sin límites, paisano, filósofo agreste, hombre de extrañas destrezas e intuiciones, jinete vagabundo, individuo taimado ("sotreta")...
También pajuerano obtuso, agente heroico y símbolo de la patria (o de su contrafigura, teniendo en cuenta a Borges: "Vencen los bárbaros, los gauchos vencen..."), peón de lealtades extremas, sujeto alzado y resabiado, sufrido, haragán... todo prácticamente lo ha sido, o es, sin que ni siquiera la filiación con la pobreza y con la naturaleza criolla de todos esos estados revista mayor importancia, pues un estanciero podía bien ser "muy gaucho" y asimismo serlo un gringo, entendiéndose en este caso estar compenetrado con las tareas y hábitos del campo.
Aun la esencial vinculación con lo rural tendió a esfumarse, pues el término cabe hoy orondamente a los puebleros y convierte en gaucho a toda persona generosa y bien dispuesta y en "gauchada" al favor, a la ayuda oportuna, a la mano dada porque sí, por simple ánimo de no dejar a alguien bajo el aguacero de la vida.
Menosprecio inicial
Reconocido que el significado tiraba a malo, hay quien dice que empezó a cambiar tras las hazañas de los seguidores de Güemes, primer hito de un camino cuyo trayecto llevaría a la apoteosis local, cuestión asimismo rara pues Salta no ha sido área arquetípica de gauchos y porque en las provincias adyacentes todavía la acepción dista -o distaba- de entrañar elogio.
De Catamarca es la anécdota del forastero que pregunta si por ahí había gauchos y recibe como respuesta un tajante: "No señor, aquí no hay gauchos; todos somos gente honesta". Una explicación probable de esta contradicción es que el término lo aplicasen en un comienzo los realistas con intención agraviante y que quienes se veían así motejados lo convirtieran, mediante una inversión deliberada, en título de honor.
Tal menosprecio inicial es dato firme entre lo muy escaso que los eruditos saben, incapaces hasta hoy de determinar si gaúcho vino de gaucho, o si fue al revés. Mucho se ha hablado de los "gauderios" pero hasta el presente nadie ha podido dar cuenta de cómo en treinta años el vocablo haya podido desfigurarse tanto. ¿Changador? Efectivamente, el gaucho vivía de changas, pero existe un inconveniente serio a propósito de esa presunta etimología y es que changador existe hoy inmodificada y con idéntico alcance al que antaño se le atribuía. ¿Guacho...? Y sí, de suyo el gaucho era un huérfano.
Preguntas, más preguntas
En tren de suposiciones, las hay a carradas; en los tiempos del chiripá y la pulpería el insulto por excelencia, el gran insulto entre los proferidos al pie del ombú, era el de "gaucho rotoso", expresión que a veces suena todavía tierra adentro.
Ahora bien: en Chile dos palabras definen y describen al campesino pobre: "guaso" (huaso), que quiere decir rústico, y "roto", desarrapado. Y por cierto que el gaucho era un guaso, con las consabidas "guasadas" a cuestas, aunque también fuese la mar de amable y servicial según nos lo pintan los viajeros, con Darwin a la cabeza.
Pero si era guaso y también guacho, ¿no cabe que se entrecruzaran esas palabras y surgiese de la mezcla una tercera: gaucho? ¿Esto no será una fantasía? ¿Existe en la evolución de los idiomas ese tipo de fenómeno?
Pero si en este caso la palabra habría nacido en el Oeste, otra versión -bastante difundida recientemente- la hace proceder del Brasil: vendría de garrucho, "garrochista", en el sentido de picaneador, jinete que dirige la hacienda azuzándola.
Pero en el habla vulgar esa doble erre se habría guturalizado y afrancesado y llegado a sonar algo así como "gagucho", eventual antecedente comprensible de la expresión riograndense y de su peculiar acentuación.
A medio camino en cuanto a extremos geográficos, Marcos Morínigo con sesudos fundamentos le atribuyó raíz guaranítica y también connotación despectiva: para él era derivación de ca-ú, borracho, alusión clarísima -dígase de paso- a la secular inquina de estancieros y capataces contra "el pobre que se divierte".
Muchas palabras, muchas coincidencias y muchas interpretaciones y confieso que no atino a combinarlas de manera convincente. Me he limitado a buscar y a preguntar y esto es lo poco que averigüé... Otros, quizá, tengan más suerte, o sean más sagaces.
Fernando Sánchez Zinny
La Nación
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