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Manejo de la nutrición de la vaca lechera para mejorar su fertilidad (segunda parte)

Las vacas lecheras obtienen la energía, procedente de los pr oductos de la fermentación uminal de los carbohidratos de la ración, pero también de las proteínas vegetales. Esta fermentación da lugar a la producción de ácidos grasos volátiles (AGV), acetato, propionato y butirato.

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Jueves 05.02.2009

Nutrientes implicados en la infertilidad nutricional y metabólica

Los nutrientes de mayor implicación en la infertilidad nutricional y metabólica son fundamentalmente; energía, proteínas, minerales y vitaminas.

a) ENERGÍA

Es el más importante de los nutrientes. De nada sirve que la ración aporte suficiente proteína o minerales esenciales si la energía es insuficiente. Además, estos ingredientes han de estar siempre relacionados con la cantidad de energía de la ración.

Las vacas lecheras obtienen la energía, procedente de los pr oductos de la  fermentación uminal de los carbohidratos de la ración, pero también de las proteínas vegetales. Esta fermentación da lugar a la producción de ácidos grasos volátiles (AGV), acetato, propionato y butirato.

Según su degradabilidad, se distinguen tres fracciones de carbohidratos:

1- Lignocelulosa o lignocarbohidratos (LAD), que no son utilizables por los rumiantes.

2- Carbohidratos estructurales disponibles para la flora microbiana ruminal (FND); su degradabilidad oscila entre el 50-75%, dependiendo de cada alimento en particular. El resto, pasa al intestino grueso, donde la flora microbiana fermenta el 20% de estos carbohidratos.

3- Polisacáridos no estructurales o nofibrosos (CNF). Su degradabilidad ruminal es del 90-100 % y son prácticamente degradados y absorbidos en su totalidad. Hay alguna excepción, como por ejemplo, e l almidón del maíz, cuya digestibilidad ruminal es del 75-80%. El resto pasa al intestino delgado donde es absorbido el 60-70% (Cornell, 2000).

El valor nutritivo de los alimentos energéticos de la ración dependerá de la cantidad total de AGV producidos por los microorganismos del rumen a partir de los carbohidratos y proteínas ingeridos, pero también del número de carbonos de los ácidos grasos.

En el transcurso de la fermentación, los monosacár idos, oligosacáridos y el almidón se liberan con rapidez y producen principalmente propionato, mientras que la celulosa y hemicelulosas, que son los componentes de la pared celular de los vegetales, se liberan y fermentan lentamente produciendo la mayor parte del acetato existente en el líquido ruminal (McClure, 1970).

En el proceso de la formación de glucosa (gluconeogénesis), el propionato se convierte en glucosa que queda disponible como sustrato para el metabolismo energético para las células de los tejidos y órganos de la vaca.

También son utilizados para la formación de glucosa, los aminoácidos glucogénicos procedentes de la proteína ingerida que no ha fermentado, la proteína de los microorganismos del rumen, los tejidos proteicos catabolizados, así como también el glicerol procedente de la grasa catabolizada (Leng, 1970).

Tanto en la formación de la glucosa (gluconeogénesis) como en su desintegración (glucólisis) intervienen algunos minerales como son: el fósforo, potasio, magnesio, cobre, cobalto, hierro y manganeso (Underwood, 1977, 1981), y también algunas vitaminas del grupo B.

El acetato, butirato y los aminoácidos cetogénicos se utilizan como fuente de energía de la mayoría de los tejidos y órganos, pero el sistema nervioso, óvulo fecundado, embrión y feto, necesitan glucosa o productos de la glucólisis (Setchell, 1976, McClure, 1994).

Las células que necesitan grandes cantidades de substrato como fuente de energía, solamente utilizan pequeñas cantidades de aminoácidos, vitaminas y minerales para utilizarlos en los sistemas enzimáticos que catalizan la glucosa. 

La cantidad de glucosa en sangre (glucemia), está determinada, principalmen te, por la ingestión de nutrientes glucogénicos, la gluconeogénesis y el ritmo de utilización para el desarrollo del feto y la síntesis de leche.

La cantidad disponible para el metabolismo depende de la glucemia, pero la magnitud del pool de glucosa y el ritmo de entrada a las células, depende de la insulina. La baja concentración de insulina en sangre puede empeorar un balance energético negativo y por lo tanto, la fertilidad.

La concentración de insulina en sangre durante la mitad de la lactación (con un balance energético positivo) es de alrededorde 2,5 mg / ml, mientras que al principio de la lactación es de unos 0,5 mg / ml (A. Bach, 2002).

La insulina es una hormona que, además de mantener la glucemia, participa en:

1) la estimulación de la secreción de la hormona folículo-estimulante (FSH) (Adashi et al., 1981);

2) la secreción pulsátil de la hormona lute inizante (LH) (Buch oltz e t al., 2000) y

3) la secreción de progesterona por parte del cuerpo lúteo (Ladenheim et al., 1984).

Por lo tanto, niveles bajos de insulina en sangre pueden dar lugar a bajas  concentraciones de progesterona. Esta concentración baja de progesterona al principio de lactación es una de las causas más comunes del fallo reproductivo en el  vacuno lechero.

La concentración de progester ona en leche a los 5 días de la inseminación está correlacionada con el índice de fertilidad y puede ser usada para dirigir la eficacia reproductiva de los animales. Los niveles óptimos de progesterona  en leche se encuentran entre 3 y 9 mg/ml (A. Bach, 2002).

En el plasma, las concentraciones de progesterona aumentan en los tres primeros ciclos estrales de la lactación, pero este aumento es menor cuanto mayor sea el balance energético negativo que sufra la vaca y menor sea la concentración de insulina en sangre (Spicer et al., 1990).

La secreción de progesterona finaliza por la acción de la prostaglandina F2a (PGF2a), en el caso de que no haya gestación, a los  18 días del ciclo. La secreción de PGF2a por parte del endometrio es consecuencia de la estimulación de la oxitocina.

Sólo en caso de gestación, el endometrio no responderá a la oxitocina debido a que el embrión secreta el interferón trofoblástico que evita la aparición de receptores de oxitocina a nivel endometrial (A. Bach, 2002).

Por medio de la nutrición se puede facilitar la obtención de niveles de progesterona asegurando que las concentraciones de insulina en sangre sean lo suficiente elevadas para estimular la actividad del cuerpo lúteo. La estrategia para aumentar la insulina en el vacuno lechero es la misma que para evitar o controlar la cetosis.

Esta estrategia puede consistir en suministrar fuentes de carbohidratos que, o bien fermen tan a propiona to en el rumen como son los CNF (vigilando el riesgo a inducir acidosis por excesiva acumulación de ácidos grasos volátiles en el rumen), o bien se degraden poco a nivel ruminal y aporten glucosa directamente a nivel duodenal; es el caso de los almidones tratados térmicamente.

Durante el preparto y postparto venimos utilizando, desde hace algunos años y con muy buenos resultados, la suplementación con propilenglicol, un alcohol inerte a nivel ruminal que es metabolizado a nivel hepático a piruvato y luego a glucosa. La glucosa, como ya se ha señalado, es la principal fuente de energía para los ovarios y por lo tanto, estas estrategias para aumentar la concentración de insulin a, mejorarán el crecimiento de los folículos.

Un adecuado aporte de glucosa mejora el reclutamiento de folículos (Oldick et al., 1997), por lo que en caso de que no se produzca gestación el siguiente ciclo estral debería aportar folículos mejor desarrollados.

b) PROTEÍNAS


Se han señalado distintas fracciones a la proteína que aportan los alimentos, asi Cornell 2000 distingue cinco fracciones:

1.- Nitrógeno no prote ico (NNP) : se transforma íntegramente a amoniaco en el rumen y cuya cantidad se estima el 15 % del nitrógeno total ingerido.

2.- Proteína ligada a la FAD: no utilizable por los rumiantes.

3.- Proteína ligada a la FND: su utilización ruminal es del 10-25%; el resto pasa al intestino delgado donde las proteasas intestinales digieren el 80% de esta proteína.

4.- Proteína insoluble no ligada a la FND: su utilización ruminal es del 70-85%; el resto de esta proteína pasa al intestino delgado, donde es totalmente digerida.

5.- Proteína soluble: prácticamente todos sus aminoácidos se liberan en el rumen. Sin embargo, la NRC 2001, utiliza cuatr o fracciones proteicas principales: MP, RUP, PBM y RDP.

La MP (proteína metabolizable) es la proteína verdadera digerida en el intestino delgado a aminoácidos y posteriormente absorbida. Las principales fuentes de MP son: la proteína indegradable en el rumen (RUP), la proteína bruta microbiana (PBM) y las fuentes de proteína endógena.

La RUP es la fracción de proteína bruta indegradable, que depende de su degradabilidad en el rumen (Kd) y del tiempo de paso del rumen al abomaso (Kp). La RDP es la proteína bruta degradable en el rumen.

Las vacas, para una mediana o alta producción de leche prec isan de unos niveles adecuados de energía y proteína junto con la aportación de nitrógeno no proteico, las vitaminas y minerales necesarios.

El nitrógeno de la proteína bruta degradable en el rumen (RDP) y el nitrógeno no proteico (NNP) aportados con la ración, se utilizan para la multiplicación de las bacterias del rumen que han de fermentar los carbohidratos complejos de las paredes celular es de los vegetales.

Tanto las proteínas bacterianas como protozoarias sintetizadas en el rumen y retículo, así como la fracción de la proteína de la ración que no se ha degradado llegan hasta el intestino delgado. La parte hidrolizada y absorbida proporciona aminoácidos para el metabolismo o bien se desamina, quedando cierta cantidad disponible para la gluconeogénesis.

Los mejores niveles de fermentación y síntesis de proteína microbiana se consiguen
solamente cuando los microorganismos del rumen disponen de suficiente cantidad de carbohidratos fermentables (principa lmente mono y oligosacáridos, fructosanas y almidón), así como, proteína degradable o nitrógeno no proteico (NNP).

Pero cuando la proteína degradable en el rumen (RDP) y el nitrógeno no proteico (NNP) son insuficientes, se reduce el ritmo de síntesis microbiana, desciende el nivel de fermentación, y lo que  es peor, desciende el apetito y, con él, la ingestión de alimentos.

A su vez, se origina una deficiencia energética y se reduce el flujo de proteína microbiana (Orskov, 1982). En las novillas, se reduce el crecimiento y se alarga la pubertad. Además, en el postparto se retrasa la reanudación de los ciclos ováricos y desciende el porcentaje de gestaciones a la primera y subsiguientes inseminaciones (Sasser et al., 1988).

Cuando el ritmo de degradación de la proteína degradable (RDP) hasta amoniaco (NH3) supera la capacidad de síntesis de los microorganismos, se produce una pérdida de ingestión de MS y puede producir efectos tóxicos.

Las raciones para vacas cuyos niveles de proteína bruta se estiman entre el 13 a 20% permiten mantener la reproducción en con diciones normales (Croll et al., 1988).

La alimentación de las vacas durante el final de la gestación y comienzo de la lactación con raciones que aportan cantidades insuficientes de RDP y NNP, como ya hemos indicado, reducen el apetito y la ingestión de alimentos, con los mismos síntomas que una alimentación insuficiente.

Se reducen los contenidos hormonales, principalmente de la hormona  folículoestimulante (FSH) y de la hormona luteinizante (LH) de la pituitaria (Nolan et al., 1988). Igualmente se retrasa o suprime la reanudación de los ciclos ováricos  después  del parto. Pueden presentarse trastornos en la ovulación, los porcentajes de gestaciones disminuyen y los intervalos partoconcepciones se prolongan (Witt et al.,  1988).

También puede reducirse la fertilidad de las vacas que consumen raciones con insuficiente cantidad de proteína no degradable (RUP) (Wilson et al., 1987; Armstrong et al., 1990). En las vacas de alta producción puede ocurrir que los aminoácidos que aporta la proteína de la ración no sean suficientes para cubrir las necesidades del metabolismo tisular y las necesidades de producción de leche (Tammin ga y von He llemon, 1977).

La NRC 2001, que no establece las necesidades de aminoácidos para las vacas de leche, considera que los aminoácidos limitantes son la lisina y la metionina. Afirman que la máxima eficacia de la MP para mantenimiento y lactación se producen cuando las concentraciones de lisina y metionina son de un 7,2 y un 2,4% de la MP respectivamente, o bien cuando la relación entre ambas es de 3/1.

Los aminoácidos de la RUP tendrían también la función de proporcionar más substrato para la gluconeogénesis o la síntesis de ácidos grasos. En las ovejas, la inclusión de altramuces (PB 30,7%) en la ración, reduce el ritmo de atresia durante las fases finales del desarrollo folicular e incrementa el porcentaje de ovulaciones (McClure, 1994).

Se cree que los aportes excesivos de proteína suelen producir problemas reproductivos por el aumento de amoníaco y urea, o bien a un incremento del balance en ergético negativo. Por esta razón, se ha buscado un indicador del estado nutricional proteico de la vaca en lactación.

Se ha señalado como un buen indicador del estado proteico de la vaca, su nivel de urea en sangre, pero los resultados son muy variables ya q ue dependen del momento de la toma de la muestra. Cualquier exceso proteico produce mayor cantidad de amoníaco, que puede ser por excesiva producción en el rumen opor excesiva desaminación a nivel hepático. El hígado convierte al amoníaco en urea.

Por esta razón, también se ha querido determinar el estado nutritivo proteico de las vacas por el contenido de urea en leche, pero los resultados son muy dispares según el método utilizado y según investigadores.

En la determinación de la urea hay que tener en cuenta muchas circunstancias como que la vacas en sus primeros partos suelen tener concentraciones de urea más bajas que las vacas adultas. Además existe una estacionalidad en las concentraciones de urea en leche, ya que en verano son superiores.

Por lo tanto, las raciones con niveles de proteína adecuados y con un buen perfil de aminoácidos, no sólo pueden mejorar un balance energético negativo de un animal, sino que puede reducir la síntesis o forma ción de urea. Además puede aumentarla síntesis de lipoproteínas, esenciales para el transporte de colesterol, necesario para la formación de estrógenos y progesteronas (A. Bach, 2002).

c) Mnerales esenciales y vitaminas

Cubiertas las necesidades de energía y proteínas, es necesario que la ración aporte los minerales esenciales y vitaminas para obtener una buena fertilidad. Los oligoelementos, llamados también microminerales o minerales traza, son básicos para el mantenimiento animal, crecimiento, producción de leche y para la repoducción, pero además, producen importantes beneficios que se detectan en el sistema inmune, consiguiendo una óptima salud para que los animales den su máximo rendimiento.

Por ejemplo el zinc, en las épocas críticas de la lactación juega un importante papel en la salud de la mama, ayudando a la vaca a la prevención de las mamitis al ayudar a mantener la integridad de la célula epitelial del mama, lo que favorece la reducción de las células somáticas.

Además, produce una mejora en la textura de la pezuña, una reducción en roturas de talones y una reducción en laminitis (More et al., 1998; Anderson y Leon, 1998; Kellogg, 1990; Jones, 1995; Smith et al., 1999). Otro ejemplo podría ser el  manganeso, por estar involucrado en la cicatrización de heridas y desarrollo epitelial que favorcerían la reducción de mamitis  (A.Bruce Johnson et al., 2001).

La mayoría de los minerales son también imprescindibles en la actividad reproductiva
del ganado vacuno lechero por el papel que desempeñan en el metabolismo celular, por las acciones específicas que llevan a cabo sobr e los tejidos implicados, pero además son fundamentales y necesarios para el desar rollo de los microorganismos del rumen, que necesitan los minerales, para su propio metabolismo y para la fermentación de las paredes celulares y la liberación del contenido celular de los alimentos de la ración.

McClure, (1994), señala que la deficiencia de algunos de los minerales esenciales, puede influir en los siguientes trastornos reproductivos:

1.- Reducción d e la actividad de los microorganismos del rumen y, como consecuencia, un menor ritmo de  fermentación, descenso del apetito y de la ingestión de MS.

2.- Reducción de la actividad enzimática que afecta al metabolismo energético y proteico y, por tanto, de la síntesis de hormonas. Puesto que para esta finalidad las necesidades minerales son bajas, es probable que la infertilidad sea consecuencia de deficiencias crónicas más que agudas.

3.- Interferencias con la síntesis o integridad de las células del sistema reproductor,
especialmente las que se encuentran en división rápida, como las del endometrio, óvulo fecundado, embrión y feto.

Es muy difícil establecer el origen de un determinado problema reproductivo causado por deficiencia o exceso de algún mineral en concreto, porque casi siempre es debido a la asociación de varios minerales debido a que existe una interrelación entre ellos, o bien a los mecanismos de utilización a nivel celular. Además, sus carencias, como veremos, prod ucen efe ctos similar es en la reproducción.

De todos modos, se ha realizado una revisión de los principales efectos individuales y sus principales relaciones entre ellos y los efectos sobre la reproducción del ganado vacuno.

Cuadro 6: Contenido mineral medio de la leche de vaca (E.J.Underwood, 1969; 1981).

Calcio g %
0,12
Fósforo g %
0,10
Sodio g %
0,05
Potasio g %
0,15
Cloro g %
0,11
Magnesio g %
0,01
Cobre mg/litro
0,20
Iodo mg/litro
0,05
Selenio mg/litro
0,05
Hierro mg/litro
0,50
Manganeso mg/litro
0,03
Zinc mg/litro
4,00
Molibdeno mg/litro
0,04

La influencia que la ración tiene sobre los minerales de la leche es muy variable según los distintos minerales. Las deficiencias de calcio, fósforo, sodio y hierro en la ración, se reflejan en un descenso del rendimiento lácteo, aunque la leche tiene la misma concentración de estos minerales, mientras que las deficiencias de cobre y yodo pueden provocar un descenso notable en la concentración de estos minerales en la leche.

Al aumentar el consumo de yodo, manganeso, zinc y molibdeno, la concentración de estos minerales en leche puede ser superior a la normal. En cambio los consumos extra de cobre, hierro y flúor, no aumentan su contenido, normalmente bajo, de la leche de vaca y oveja.

Aunque todos los minerales son necesarios para el mantenimiento, crecimiento y producción, son también necesarios para la reproducción. Los más implicados son:  calcio (Ca); fósforo (P); sodio (Na); potasio (K); cloro (Cl); magnesio (Mg); cobre (Cu); cobalto (Co); yodo (I); selenio (Se); hierro (Fe); manganeso (Mn) y zinc (Zn). 

Calcio y Fósforo

Las necesidades de calcio y fósforo para producción de leche son, según la NRC 2001, de alrededor del 0,65% en  cuanto al calcio y del 0,35% para el fósforo. Pero es muy importante la relación calcio/fósforo (Ca/P) principalmente para la absorción de ambos elementos. El coeficiente  de absorción del calcio se sitúa alrededor del 0,41% y el del fósforo 0,68%.

La relación entre el contenido de calcio y fósforo en la ración tiene mayor importancia que el de cada uno de ellos por sepa rado. Durante la lactación se aconseja mantener una relación Ca/P en la ración total de 1,5-2,5/1 (Küst y Schaetz, 1986; Grunert y Bertold, 1988; Bertoni, 1990).

Estos dos minerales tienen un papel fundamental en el metabolismo del tejido óseo, pero además el fósforo participa en  el traspaso de energía a nivel celular y el calcio desarrolla una función importante en la actividad del tejido muscular.

En las vacas de alta producción, el calcio y el fósforo sufren un metabolismo muy intenso, ya que su excreción a través de la leche es muy alta (cuadro 6) en relación a las reservas corporales. Ambos elementos minerales ejerce una notable influencia sobre la fertilidad.

En primer lugar, actúan como compuestos antagonistas y, por otra parte, su  regulación  se realiza a través de las mismas sustancias:la parathormona, la  calcitonina y la vitamina D.

La deficiencia de fósforo se ha asociado en vacas con problemas reproductivos tales como anestro, subestro, ciclos irregulares y bajos índices de concepción (Maymard, et al., 1979; Arthur et al., 1989).

También se ha apuntado la posibilidad de un incremento en las tasas de incidencia de quistes foliculares por una deficiencia de fósforo (Morrow, 1986). Se ha señalado, y esto es muy importante, que la deficiencia de fósforo determina un menor apetito y por lo tanto, una menor ingestión de nutrientes que, de forma secundaria, podría provocar una deficiencia de energía que agravaría una fase energética negativa con los consiguientes trastornos de fertilidad.

Ya se ha señalado la importancia del calcio en los procesos metabólicos, fundamentalmente, en la hipocalcemia. También tiene un significativo papel en la fertilidad por su acción en la estimulación de algunas hormonas que intervienen en la ovulación. 

El fósforo es un importante componente de los huesos, así como de ésteres fosfóricos, nucleótidos, coenzimas y ortofosfato inorgánico. Estos compuestos intervienen en numerosos procesos metabólicos del organismo.

Aunque el fósforo puede que no tenga una acción directa en la fertilidad, indirectamente influye en ella sobretodo en la manifestación de celos y en la actividad ovárica. Al parecer, se da mayor importancia a los efectos que sobre la reproducción ejercen el exceso de fósforo o los desequilibrios desequilibrios de la relación Ca/P (Ropstad et al., 1988).

Así, se han relacionado con un exceso de fósforo procesos como el descenso en la tasa de concepción, el incremento  de la incidencia de celos silenciosos, anestro, ciclos irregulares y metriris, así como con el aumento de los inter valos parto-primera inseminación y parto-concepción (Küst y Schaetz, 1986; Ropstad et al., 1988).

Por lo que se puede señalar que el excesivo aporte de fósforo provoca un descenso de los niveles séricos de calcio, hierro y zinc, debido a una alteración de la absorción de estos elementos (Haaranen, 1963; Suttle y Field, 1970).

En aquellas situaciones en las que existe una deficiencia de calcio o una baja relación Ca/P, se han descrito retrasos en la involución uterina y en el restablecimiento de la función ovárica, así como un incremento en la incidencia de distocias, retenciones de placenta y prolapsos de útero (Gerloff y Morrow, 1986).

Cuando el suministro de calcio es excesivo, también se han observado alteraciones de la función reproductora. El exceso de calcio dificulta el metabolismo de otros minerales tales como el magnesio, el cobr e y el zinc (Alfaro et al., 1988).

Sodio y Potasio

Las necesidades para lactación según la NRC 2001, son para el sodio del 0,22% y las del potasio del 1,03%. Aparte de estas cantidades, es también muy importante la relación sodio/potasio. Estos dos minerales se estudian juntos porque también, como el calcio y el fósforo, se comportan como antagonistas, siendo sus funciones más destacadas, el mantenimiento de la presión osmótica y sus acciones sobre el metabolismo celular.

Debido a este antagonismo, es muy difícil diferenciar los efectos de cada uno de ellos
por separado. Es intere sante la bomba de sodiopotasio que es un mecanismo celular que mantiene constantemente altos niveles de potasio y bajos niveles de sodio  dentro de la célula.

Este proceso que requiere energía en forma de adenosintrifosfato (ATP) se supone, representa el 40% del gasto energético celular. La bomba de  sodiopotasio funciona constante e independientemente de otros procesos metabólicos. El transporte de iones a través de la membrana celular se hace en conjunción con el transporte de glucosa al interior de la célula (A.L. Martinez Marín, 2001).

El potasio ejerce también una acción indirecta relacionada con la infertililidad. Como ejemplo tenemos su intervención en la aparición de la hipocalcemia, causante de graves problemas metabólicos y reproductivos.

Además, cuando en la ración existe un exceso de potasio, aparece simultáneamente
una carencia de sodio, debido a la modificación de la relación sodio/potasio. En estas cir cunstancias y en lo referente a la reproducción, se observa una mayor incidencia de ciclos irregulares que pueden ser más largos o más cortos.

También se ha descrito estros prolongados o persistentes y, en algunas ocasiones, quistes foliculares e inflamaciones vaginales (Schaetz, 1986). La ingestión excesiva de potasio también provoca una reducción en la concentración sérica de b-caroteno en el suero sanguíneo al verse dificultada su absorción.

Esta carencia de b-caroteno altera la fertilidad de forma secundaria (Grumert y Bertold, 1988). También se ha señalado que el exceso  de potasio reduce la ingestión de MS, lo cual va a resultar negativo para la fertilidad. Si bien hay que vigilar los excesos de potasio en la ración, es difícil que se produzcan deficiencias.

Los excesos de sodio no son muy frecuentes, pero cuando se producen, presentan los animales, síntomas de acetonemia y adelgazamiento, así como una mayor incidencia de retención placentaria, endometritis y trast ornos de la ovulación Lotthammer, 1988).

Cloro

La NRC 2001, señala que las necesidades de cloro para las vacas lactantes son de 0,26 % de la MS. El cloro desempeña un papel fundamental en el organismo como es contribuir al mantenimiento de la presión osmótica en los fluidos extracelulares, Pero los iones de cloro ejercen también una función activadora de algunos enzimas digestivos, como la amilasa salivar y la polipeptidasa.

En su relación con la reproducción, Kumar et al., (1986) han descrito que las vacas con anestro prolongado presentan unos valores séricos de cloro significativamente inferiores a los normales, además, estos autores indican que el drenaje masivo de electr olitos a través de la glándula mamaria en el post-parto determinaría una deficiencia de los mismos, siendo la responsable del retraso en la aparición del primer celo postparto.

Magnesio

Las necesidades de magnesio en la lactación son de alrededor del 0,19% según la NRC 2001. Se ha señalado el 0,3% de coeficiente de absorción. Este es otro de los minerales en que es muy difícil señalar las causas de su deficiencia o excesos debido a la estrecha relación que tiene con otros elementos como son el potasio y las proteínas, interacciones que explicarían la gran variabilidad en los resultados obtenidos a través de ensayos de campo (Konermann, 1962; Schiller et al., 1967).

Sin embargo, hay estudios que demuestran que al reforzar la ración con cobre y magnesio se obtiene un efecto positivo sobre la reproducción, observándose un notable incremento en el porcentaje de vacas gestantes a los 150 días (Ingraham et al., 1987). El efecto del magnesio sobre la fertilidad podría ser consecuencia de su intervención en numerosas reacciones enzimáticas, especialmente en aque llas implicadas en el metabolismo energético.

Las deficiencias de magnesio pueden producirse por dietas mal equilibradas, por bloqueo en su absorción y un aumento de su excreción, circunstancias que pueden ocasionar carencias, sobre todo porque el organismo no posee depósitos apreciables de magnesio disponibles.

En las dietas de las vacas lactantes hay que evitar los niveles elevados de calcio y de potasio, y también la formación de cantidades elevadas de amoníaco en el digestivo ya que pueden dificultar la absorción del magnesio. Cantidades elevadas de magnesio en la dieta pueden afectar la absorción del calcio y del fósforo.

Cobre

Es un oligoelemento cuyas necesidades para las vacas lactantes se han fijado en 11 mg/kg MS, señalándose como coeficiente de disponibilidad el 4% (NRC 2001). El cobre tiene unas estrechas relaciones con otros minerales como el azufre, cobalto, hierro, molibdeno y cadmio y con el aporte de proteínas.

Junto con el hierro son microminerales esenciales para la formación de la hemoglobina y, por lo tanto, esenciales para el crecimiento y la hematopoyesis. Además forma parte de diversos enzimas que de sempeñan func ion es oxidativas celulares muy importantes.

También está implicado en la formación de numerosas proteínas con propiedades enzimáticas y en la actividad de algunas hormonas hipofisarias (Georgievskii, 1981). El contenido en molibdeno de la ración influye en la disponibilidad del cobre, así pues, cuando la ración es alta en molibdeno debe elevarse la cantidad de cobre para que no se produzca una deficiencia del mismo.

La deficiencia en cobre puede producir infertilidad debido a sus efectos sobre la integridad del intestino delgado (Fell et al., 1975; Mills et al., 1976) que provocarían una deficiencia nutritiva global, así como su intervención en el metabolismo energético y en su actividad como antioxidante (cobre-superóxid o dismuta sa), junto al selenio, componentes de la glutatión p eroxidasa, alfa-to cofe rol y betacaroteno (Wilson, 1983). Las deficiencias de estos antioxidantes pueden ser causa de alteraciones en la reproducción y pueden afectar principalmente al óvulo fecundado, embrión o feto.

Como se ha señalado anteriormente, el exceso de molibdeno o de hierro puede producir deficiencia de cobre que puede dar lugar a r etrasos en la pubertad, anestro, subestro y bajos índices de fertilidad. También se ha descrito una carencia primaria debida a una ración pobre en cobre. En este caso, los síntomas más destacados son: anemia, pica (apetito depravado que hace ingieran de todo, incluso madera y arena), adelgazamiento y diar rea que pueden conducir a un estado de subnutrición y a una reducción secundaria de la fertilidad (Ferguson, 1991)

Cuando la carencia de cobre no es muy alta, se han descrito casos con incremento de óvulos afuncionales (Morrow, 1986). La deficiencia de cobre también provoca un retraso en la involución uterina e incrementa los casos de retenciones de placenta (Otterby y Linn, 1982; Urley y Doane, 1989).

Hay estudios indicativos de que el cobre tiene un efecto directo sobre el hipotálamo, estimulando la liberación de la gonadotropina (GnRH) (Tsou et al., 1977). Otro he cho que demu estra la influencia del cobre en la reproducción es el efecto positivo que produce el aporte suplement ario (En gel et al., 1964; Manadevan y Zuba iry, 1969; Hu nter, 1977).

Cantidades excesivas de cobre destruyen los depósitos hepáticos de zinc.

Cobalto

Las necesidades de cobalto se fijan en 0,11 mg/kg de MS (NRC 2001) El coeficiente de disponibilidad es el 100%. Las deficiencias graves de cobalto se  manifiestan con inape tencia, det ención del crecimiento y enflaquecimiento, que pueden ocasionar la muerte del animal.

La deficiencia en cobalto se produce cuando se consumen raciones que contienen
menos de 0,07 mg de cobalto por kg  de MS. En estos casos, no se produce vitamina
B12 (cianocobalamina) (Marston et al., 1961) y, por tanto, tampoco el coenzima B12 necesaria para la transformación de l propiona to en succ inato.

De este modo, se reduce la gluconeogénesis y la actividad del ciclo de los ácidos tricarboxílicos (ATC), lo que determina la hipoglucemia (MacPherson et al., 1973). Además, la deficiencia en cobalto puede reducir la cantidad del coenzima adenosil cobamida, que es necesaria para la incorporación de los aminoácidos glucogénicos desaminados al ciclo de los ácidos tricarboxílicos.

Debido a la importancia de este oligoelemento, es necesario que la vaca lechera tenga siempre cubiertas las necesidades de cobalto. Los efectos de su carencia sobre la reproducción demuestran un aumento en la incidencia de abortos y el nacimiento de terneros con notables signos de debilidad (Alderman 1963).

También se ha indicado la existencia de trastornos de la implantación embrionaria (Latteur, 1962) y diversos autores describen retrasos en la involución uterina, estros silenciosos, ciclos estrales irregulares y descenso de las tasas de concepción (Hidiroglou, 1979; Morrow, 1986).

Se ha demostrado que la deficiencia de cobalto (necesario para el desarrollo de la microflora del rumen) provoca, inicialmente, una disminución de la ingesta de alimentos, pica y descenso de la producción que, indirectamente, repercutirá en la fertilidad de los animales.

Está comprobado que el aporte de la cantidad necesaria de cobalto, produce una mejora de las tasas de concepción y aumenta las manifestaciones de celo (Malecki, 1973).

Yodo


Las necesidades de yodo para las vacas lactantes, según la NRC 2001, son de alrededor de 0,6 mg kg de MS. El coeficiente de disponibilidad es el 85%. La deficiencia de yodo se produce  cuando las raciones son deficientes en yodo o bien con cantidades abundantes de bociógenos como los tiocionatos de los alimentos. 

Los animales que consumen estas raciones no presentan celos o son irregulares, se producen abortos o los terneros nacen débiles y con bocio, además hay retención de placenta (Allcrof t et al., 1954; McDonald et al., 1962; Underwood, 1977).

El yodo participa en la síntesis de hormonas tiroideas y sus efectos sobre la reproducción vienen determinados por la acción del tiroides. En los casos en que hay déficit de yodo, se han descrito retrasos en la aparición de la pubertad, anestro,
degeneración ovárica, inflamaciones genitales purulentas, quistes ováricos, abortos y retención de placenta (Allcroft et al., 1954; Kist y Schaeetz, 1986; Ge rloff y Morrow, 1986)

Se ha descrito también una correlación positiva entre las concentraciones de triyodotiromina (T3) en las siete a ocho semanas previas al parto y el intervalo parto concepción, así  como una correlación negativaentre los niveles de tetrayodotiromina (T4) en la primera semana postparto y el intervalo parto concepción (Diez et al., 1992).

La triyodotiromina y la tetrayodotiromina se forman en la glándula tiroides  mediante yodación de la glucoproteína tireoglobina. El yoduro de la sangre sólo se absorbe prácticamente en la glándula tiroides (en un proceso energético).

Selenio y vitamina E

Las necesidades de selenio para vacas en lactación son de 0,3 mg kg de MS y las de vitamina E alrededor de 24 u.i. kg de  MS. El coeficiente de disponibilidad del selenio es el 100%. Se estudian juntos por su importante relación con los fenómenos oxidativos celulares, formando parte del grupo de antioxidantes como ya hemos señalado al tratar el cobre.

La importancia del selenio se encuentra en su capacidad para protegerlas membranas celulares y estimular la respuesta inmune. El selenio junto con la vitamina E forman parte del complejo glutatión peroxidasa, encargado de controlar la autooxidación de los ácidos grasos poliinsaturados.

Por su parte la vitamina E está implicada en el control de la fosfolipasa A2, responsable de la liberación del ácido araquidónico a partir de los fosfolípidos de la membrana celular, por lo que actúa en la síntesis de prostaglandinas.

Algunos estudios, indican que existe una estrecha r elación entre los bajos niveles de selenio y las retenciones placentarias (Trinder et al., 1969). Posteriormente, se ha confirmado que la suplementación preparto con selenio reduce las retenciones de placenta (Harnson et al., 1984) y mejora la capacidad reproductiva de las vacas lecheras (Mihailovic, 1982; Cor tese, 1988).

Algunos autores han observado también un retraso en la involución uterina en situaciones carenciales de selenio (Otterbt y Linn, 1982; Hurley y Doane, 1989).

También ha sido relacionada la deficiencia de selenio con el nacimiento de terneros débiles que se mueren al cabo de 24 horas o en las tres primeras semanas de vida. En situaciones de déficit, la función de los polimorfonucleares neutrófilos se encuentra afectada, por lo que aumenta la incidencia de enfermedades infecciosas a nivel general (Boyne y Arthur, 1979).

Entre los factores que predisponen a una deficiencia de selenio debemos citar la presencia de sulfatos o nitratos en el agua y el exceso de calcio y de lípidos, al dificultar su absorción. Además, cuando los animales reciben una alimentación con exceso de concentrados se incrementa la destrucción preintestinal de la vitamina E cuya acción fisiológica está interrelacionada con la del selenio (Larr y et al., 1988; Ferguson, 1991).

Hierro

Aunque el hierro es uno de los elementos más abundantes tanto en los alimentos vegetales como en los de origen anima l, se incluye como micromineral implicado en la fer tilidad por su importante papel en el metabolismo animal. De todos modos es muy difícil en contrar algún caso de infer tilidad por deficiencia o exceso de hierro.

Las necesidades de este oligoelemento son de alrededor de 15 mg/kg de MS. El
coeficiente de disponibilidad es del 100 % (NRC 2001). Generalmente los forrajes y
subproductos de la ración cubren estas necesidades. Además, la leche (cuadro 6), contiene solamente 0,50 mg/litro.

Estas bajas necesidades de hierro, especialmente en los animales adultos, son en parte debido a que el hier ro producido  en la destrucción de la hemoglobina vuelve a utilizarse en la resíntesis de la misma, perdiéndose en este proceso aproximadamente un 10% del total (A. Bach, 2002) La absorción es baja y, en cierta medida, independiente de la forma en que se encu en tra el hierro en la ración (P. McDona ld, R.A. Edwa rds, J.F. D . Greenhalgh, C.A. Morgan, 1999).

Los animales poseen un sistema de regulación de la absorción del hierro, así cuando las necesidades aumentan, también aumenta o mejora la absorción, y se reduce durante los períodos en que existen cantidades excesivas.

Se cree que este pr oceso es debido a que las células de la mucosa gastrointestinal absorben hierro y lo convierten en ferritina; una vez saturadas las células de ferritina, queda impedida la absorción de más hierro hasta que la ferritina es transferida al plasma. También se ha señalado como regulador de la ingestión de hierro, la concentración de éste en las células epiteliales de la mucosa duodenal (McDon ald, Edwards y Grennalgh, 1999).

La mayor parte del hierro presente en el organismo animal se encuentra en forma de hemoglobina y mioglobulina, pero también forma parte del citocromo, la citocromo oxidasa, la catalasa y la peroxidasa, enzimas que intervienen en la respiración celular.

Un efecto indirecto de una posible deficiencia de hierro sobre la función reproductora vendrá causado por la anemia y el debilitamiento general (Ferguson,  1991). En este sentido, la hipoxia o anoxia celular y tisular asociada al déficit de hierro, actúa sobr e el eje hipotálamo-hipófisis- ovario interfiriendo en la descarga de gonadotropinas hipofisarias y sobre la oxigenación uterina, lo que dificulta la supervivencia embrionaria.

El hierro es pues un oligoelemento muy oxidante que puede alterar la función reproductiva dañando al ovocito por estrés oxidativo (Camobell y Miller, 1996)

Manganeso

Las necesidades de este importante oligoelemento en las ediciones pr evias del NRC se calculaban en unos 40 mg kg de MS, y en el 2001 rebaja estas necesidades a 14 mg/kg MS, con un coeficiente de disponibilidad d e 0,75%. El INRA 1988 señala 50 mg kg MS.

El manganeso es un componente de importantes enzimas como fosfoglucomutasa, piruvato carboxilasa y fosfoenolpiruvato carboxilquinasa, teniendo una función clave en la gluconeogénesis (Underwood, 1989, 1983; Baly et al., 1983).

El manganeso tiene un papel muy activo en las reacciones de oxidación y de reducción, en la respira ción tisular, la hematopoyesis y en la actividad secretora de los órganos endocrinos (L.A. Quintela et al., 2001).

Niveles de manganeso por debajo de las necesidades se han asociado con  alteraciones reproductivas tales como el anestro postparto o celos silenciosos, retrasos en la ovulación, la disminución de la contractibilidad del miometrio, la presencia de inflama cione s genit ales purulentas, bajos niveles de gestaciones a la primera inseminación y nacimientos de terneros deformes.

La infertilidad se presenta fundamentalmente en los animales que consumen subproductos con excesivas cantidades de calcio. Estos excesos también pueden influir sobre la fertilidad provocando estros persistentes y degeneración quística ovárica (Grashuis, 1957; van Koestveld, 1958; Küst y Schaetz, 1960).

Además, se ha comprobado que existe una relación entr e el suministro de manganeso en la ración y su concentración ovárica, señalándose que con cantidades de manganeso por debajo de 0,85 a 0,60 mg/kg de MS de la ración, las vacas aparecen est ériles (Ben tley y Phillips 1951; Grahuis et al., 1953; Rasbech, 1968).

Por otra p arte , Curran (1954) y Morrow (1886) indican que el manganeso participa en la síntesis del colesterol, precursor de todos los esteroides sexuales. Finalmente, se ha descrito que el manganeso favore ce la sen sibiliza ción del útero a los estrógenos (Brecher et al., 1969; Uschev, 1970).

Zinc

Las necesidades de zinc se han establecido en alrededor de 48 mg / kg de MS y el coeficiente de disponibilidad en un 15% (NRC 2001). El zinc es también uno de los oligoelementos importantes para la reproducción. Además, junto con otros oligoelementos, participa en la reducción del e strés oxidativo a nivel ovárico (Campbell y Miller, 1996).

El zinc es un activador de varios sistemas enzimáticos e interviene en la replicación y diferenciación celular, especialmente en el metabolismo del ácido nucleico. Otras funciones importantes del zinc son la producción, conservación y secreción de hormonas y su intervención en el sistema inmune y balance de electrolitos.

Referente a su absorción, a diferencia de otros minerales que lo hacen por simple difusión, el zinc se absorbe mediante transportadores. Su absorción se realiza a través del intestino delgado por un proceso mediado por un transportador, que a la vez es el limitante del ritmo de captación (McDonald, 1999).

La deficiencia de zinc afecta, principalmente, a la función reproductora del macho, observándose un retraso en el crecimiento testicular (Miller y Miller, 1962) y la atrofia del epitelio seminífero (Miller et al., 1964).

Sin embargo, en la hembra se ha comprobado la participación del zinc en la unión del 17 b-estradiol a una proteín a del útero del bovino, con lo que aumenta la sensibilidad de dicho órgano a los estrógenos (Emanuel y Oakey, 1969).

Vitamina A y b-caroteno

Las necesidades de vitamina A para una vaca lactante se cifran en 110 U.I. día por kg de peso vivo del animal, lo que supone para una frisona de 600 kg de peso vivo, 66.000 U.I. día (NRC 2001). Las necesidades de b-caroteno se han cifrado en 400 mg por animal y día. Debe administrarse de sde unas tres semanas antes del parto hasta después de la cubrición, como mínimo.

El ß-caroteno, es el precursor de la vitamina A, por lo tanto los vegetales son portadores de la provitamina A que es el b-caroteno, el cual ha demostrado ser el que desempeña un efecto específico sobre la función reproductora de las vacas lecheras.

Este efecto se pone claramente de manifiesto al observar que el rendimiento reproductivo de las novillas y vacas en lactación mejora tras suplementar su ración con b-caroteno, siempre que la concentración de vitamina A, sea la adecuada (Bonsebianre et al., 1980; Henken y Bremel, 1982).

La tasa de metabolización del b-caroteno en vitamina A, se ha señalado de un 6 por 1. Una deficiencia de b- caroteno en la ración se manifiesta, según el grado y la duración del déficit, con los síntomas siguientes: celo silencioso, ovulación retardada, fertilidad deficiente, muerte embrionaria o abortos prematuros y aumento de la propensión del ternero a padecer enfermedades neonatales y enfermedades infecciosas.

Bonsebianre et al. (1980), y Henken y Bremel (1982), observaron que al suplementar a ración con b-caroteno, la involución uterina se producía con mayor rapidez, que disminuía la incidencia de quistes ováricos, que la secreción de progesterona aumentaba, y que había un incremento de la intensidad de las manifestaciones de celo y se acor taba el intervalo entre la descarga preovulatoria de la hormona luteinizante (LH) y la ovulación. Además se aumentan las tasas de concepción y se reduce la mortalidad embrionaria.

El cuerpo lúteo ovárico es la región orgánica con mayor contenido en b-caroteno,
por lo que tradicionalmente se ha considerado como su lugar de actuación (Chew et al., 1984). Así se ha comprobado, por ejemplo, que la velocidad de desarrollo del cuerpo lúteo y su contenido en progesterona están relacionados con la concentración de b-caroteno en la dieta (Lotthanmer, 1979; Bindas et al., 1984).

También se ha establecido una correlación positiva entre las concentraciones plasmáticas de progesterona y b-caroteno (Graves-Haagland et al., 1988). La importancia de la vitamina A radica en su acción específica sobr e los epitelios y en la biosíntesis de hormonas ester oides a nivel ovárico (Bencl et al., 1988).

En este sentido, se ha comprobado que el fluido contenido en los folículos normales presentaba mayor contenido de 17 ß-estradiol y de vitamina A que el de los folículos a trésicos (Schweigcrt y Zucker, 1988).

Los efectos de la carencia de vitamina A en la reproducción son: ciclos estrales irregulares, abor tos y retención placentaria (Maynard y Losky, 1962). Posteriormente se ha demostrado que el apor te de vitamina A produce una reducción en la incidencia de retenciones placentarias, metritis y quistes ováricos (Vencl et al., 1988).

Corrector vitamínico minerla

Hemos visto la impor tante función que los minerales desempeñan en casi todas las funciones vitales del organismo, crecimiento, gestación, producción y  fundamentalmente, la reproducción. Conociendo las necesidades diarias de estos elementos en la vaca lechera y los aportes por la ración, para equilibrarla sólo tenemos que añadir los minerales en los cuales es deficitaria.

Equilibrar el calcio (Ca), fósforo (P), sodio (Na), cloro (Cl), magnesio (Mg) y azufre (S) es relativamente fácil. Para ello, sólo tenemos que seleccionar alguna de las numerosas fuentes que el mercado nos ofrece. Para elegir la fuente adecuada recomiendo el magnífico trabajo de Martín Vaquero "Estudio de los minerales. Fuentes de macro y microminerales en la formulación de raciones" (Frisona Española nº 125 S/O'01, pág. 88).

Sin embargo, en relación a los oligoelementos o minerales traza cuyas cantidades
son muy pequeñas, pero no por ello menos importantes, lo más fácil y práctico es utilizar un buen corrector vitamínicomineral. El corrector debe aportar las vitaminas liposolubles A, D y E, y los minerales traza cobre (Cu), cobalto (Co), yodo (I), selenio (Se), manganeso (Mn) y zinc (Zn) que deben cubrir las necesidades de cada uno de ellos. Si hay exceso de algún oligoelemento, hay que reducir el alimento que pr oduce este exceso.

Estos minerales traza pueden utilizar se en su forma inorgánica (más económicos) o en su forma orgánica. Los microminerales orgánicos, que están muy de moda, se hallan incorporados a una proteína o a un aminoácido, por lo que su absorción es más rápida y completa.

Aunque resultan más caros, es interesante utilizar en su forma orgánica algunos de ellos.

El corrector vitamínico mineral no debería llevar los macrominerales que, aparte de aumentar el volumen y el precio del cor rector, no ayudan a equilibrar la ración; además, cuando contienen calcio y fósforo (que es lo más corriente), limitan la utilización de subproductos ricos en estos minerales como la pulpa de remolacha,
cítricos, etc, ricos en calcio, y el glutenfeed, semilla de algodón y bagazo de cerveza, entre otros, ricos en fósforo.

Aparte del b- caroteno, un buen corrector suele aportar otros elementos o aditivos necesarios según la comarca, medio ambiente en donde se halle situada la explotación. Por ejemplo se utiliza yuca, cuando los forrajes han estado abonados con purines, para evitar los excesos de urea.

No es necesario adicionar las vitaminas hidrosolubles del grupo B debido a que los microorganismos del rumen, sintetizan estas vitaminas durante la fermentación
ruminal.

Sin embargo, debido a su función reductora de la movilización de las grasas, se adiciona niacina (ácido nicotínico) en el preparto y en la fase energética negativa del principio de la lactación, por su importante papel en las vacas lecheras, minimizando la incid encia de cetosis y mejorando la síntesis de la grasa de la leche (Skaar et al., 1989; Hutjens, 1991).

Se recomienda la adición de 6 a 12 gramos vaca y día de niacina a las vacas lecheras en el preparto y en los tres primeros meses de lactación (Hutjens, 1991). Aunque el L-triptófano es precursor suyo, su rendimiento es bajo ya que se necesitan cantidades elevadas para producir niacina.

Hay otros aditivos interesantes como la monensima (ionóforo), que actúa a nivel hepático, así como el cromo, cuya utilización parece ser muy importante, pero aún no han sido autorizados por la FDA.

El correctores, pues, un ingrediente imprescindible que no debe faltar en la ración diaria de las vacas en todas sus fases de producción. Su importancia es tal, que el ganadero debe exigir que el corrector sea de la máxima calidad y que aporte las cantidades necesarias de nutrientes pero a su vez, debe utilizar escrupulosamente las dosis señaladas por el técnico o por el fabr icante.

Sólo así se podrá obtener una buena fertilidad y una óptima salud para que las vacas desarrollen todo el potencial genético recibido.

Conclusiones

El manejo de la alimentación para vacas de alta producción pasa forzosamente por conseguir una buena fertilidad, sin la cual, la producción anual de leche ba ja conside rablemente alalargarse el período de menos producción, como consecuencia de un retraso en la puesta en marcha del nuevo ciclo ovárico y, por lo tanto, de la gestación.

Después del parto, entre los 30 a 50 días, el veterinario debe hacer una exploración vía rectal de los órganos genitales de la vaca para el diagnóstico de cualquier alteración y para ver la evolución del puerperio, en el que el útero en involución debe llegar a su tamaño normal entre las 6 a 7 semanas. Es necesario que se hagan de forma periódica estas exploraciones rectales en todas las vacas.

Aunque pueden aparecer oestrus (celos) muy tempranos, los normales y con porcentajes mayores de fecundidad, así como de mejores índices de concepción, aparecen alrededor de los 70 días del postparto.

Las raciones alimenticias deben estar muy bien equilibradas en energía, proteínas, fibras, vitaminas, macro y microminerales. Debe empezarse ya en la recría para
obtener animales con una buena condición corporal, un buen desarr ollo del aparato
digestivo, aparato genital y especialmente de las glándulas mamarias.

Debe seguir en la gestación y sobretodo en las vacas secas en el último mes de  gestación. En este período, la condición corporal adquiere una enorme importancia para el futuro del ciclo productivo. Conseguir que las vacas en el parto presenten una condición corporal de 2,5 a 3 puntos es asegurar, además de un a buena producción de leche, una buena fertilidad.

Por el contrario, se puede presentar infertilidad nutricional y metabólica en las siguientes circunstancias:

1.- Cuando las cantidades de alimentos están limitadas durante las fases críticas
del crecimiento de las novillas, desde el destete hasta la pubertad, vacas y novillas
al final de la gestación y durante los primeros días de lactación hasta la cubrición. Los errores del manejo de la nutrición determinan la mayoría de estos problemas
en las novillas y vacas.

2.- Administración, tanto en novillas como en vacas, de alimentos de mala calidad o mal conservados, alimentos poco digestibles y con grandes deficiencias en los elementos nutritivos fundamentales.

3.- Cuando se suministran cultivos forrajeros verdes muy tiernos en gran cantidad, ya que son muy ricos en proteína bruta pero muy pobres en energía y proteína no degradable en el rumen. Se ha publicado que en estas circunstancias, vacas después
del parto han perdido el 1% del peso vivo por semana, acompañadas de porcentajes
de gestaciones del 33 % (McClure, 1970).

4.- Cuand o se suministra racion es con insuficiente cantidad de minerales considerados esenciales para la reproducción.

5.- Cuando el ritmo de crecimiento de las novillas es inferior al normal y las vacas paren en mal estado de carnes.

6.- Cuando las vacas o novillas paren demasiado gordas (condición corporal por
encima de los 3 puntos (vacas gordas) y aún están perdiendo peso en el momento
de la cubrición.

7.- Cuando las vacas consumen una cantidad excesiva de nitrógeno.

Fundamentalmente, el manejo de una buena nutrición se realiza para obtener unos animales sanos y fértiles, lo demás se da por añadidura.

Cuando se realicen programas preventivos de control de la fertilidad, no deben considerarse de forma independiente los factores nutricionales y metabólicos. Aunque son numerosas las causas de alteraciones en la reproducción, en los programas deben incluirse técnicas que permitan identificar, controlar y prevenir todas las causas de infertilidad de la explotación.

Espero que este trabajo, sirva para estimular a ganaderos y técnicos a realizar buenos programas de nutrición en todas las fases de la vaca lechera y que si bien no está exento de dificultades, vale la pena intentarlo en estos momentos críticos para el sector lechero.


Josep Godiaribes
Veterinario - Nutrólogo
Nº 137 FRISONA ESPAÑOLA 121
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