Granja | Chinchillas
En busca del equilibrio (segunda parte)
Ya en la primera parte de este articulo puntualizábamos: "...en definitiva, siempre tengamos presente que, cuando elegimos un macho para cría, este debe ser un animal equilibrado. Que sea bueno en todas sus características... sin aceptar que algunas se impongan en detrimento de otras" En la búsqueda del adecuado equilibrio hoy queremos hacer hincapié en una característica.
Chinchilla
En la búsqueda del adecuado equilibrio hoy queremos hacer hincapié en una característica fundamental para la obtención de una piel de primera calidad, pero que no siempre tiene la especial consideración que ella se merece. Nos referimos a la textura.
La textura en una piel de chinchilla es una característica de las que llamamos de tipo dual. Esto es que puede ser apreciada mediante dos de nuestros sentidos: el tacto y la vista. Esta habilidad de la textura de ser juzgada de dos maneras la coloca en una muy especial consideración a la hora de seleccionar un reproductor ya que una óptima textura dará belleza a nuestras pieles y esta belleza se manifestara no solo al ver la piel sino también al tocarla.
Ahora bien, como toda característica, la textura debe ser dimensionada para su correcta apreciación. Esto significa otorgar distintos valores a distintos niveles de textura. Estos niveles pueden ser cuantitativos, cualitativos o descriptivos siendo utilizados cada uno de ellos en distintas ocasiones pero siempre haciendo referencia a lo mismo: la graduación de esta característica.
Por ejemplo cuando decimos que un animal es sedoso o lanoso (en una expo), estamos valorando de manera descriptiva la textura de la misma. Cuando juzgamos un ejemplar (en el criadero) y colocamos su valoración en su correspondiente ficha en la forma de 1, 2, 3 o 4, no estamos haciendo otra cosa que valorar cuantitativamente la textura de la chinchilla.
Es decir que cuando estamos hablando de 4, de muy buena o de muy sedosa, estamos haciendo referencia a distintas formas de mencionar una textura optima en la piel de una chinchilla.
Para alcanzar una mayor comprensión de cómo se manifiesta la textura en una chinchilla es importante tener en cuenta que una mayor o menor sedosidad va a ir acompañada generalmente de otras características en animales con escasa selección:
a) Los animales sedosos tendrán mayores posibilidades de ser más pequeños, más puros y con tonalidades de color más altas. Tendrán una mayor tendencia a tener pelo corto.
b) Los animales lanosos tenderán a poseer mayor tamaño, ser un poco más claros e impuros y poseerán mayor largo de pelo.
En definitiva la complementación de estos dos tipos ideales es el verdadero trabajo de cada criador a la hora de mejorar la especie. Animales que se parezcan en demasía a alguna de estas dos tipologías son ejemplares que evidencian el poco trabajo de selección que hay en sus ancestros y su presencia excesiva en un criadero nos dará la pauta del pobre trabajo de mejora llevado a cabo en el establecimiento.
Lograr la manifestación de solo los aspectos positivos de ambas tipologías y transmitirlo a la mayor cantidad de animales posibles es uno de los principales objetivos de todo buen cabañero.
Uno de los aspectos menos conocidos de la textura es la firme relación existente la sedosidad y la pureza. Para esto recordemos que la impureza en un animal tiene su origen en dos vertientes fundamentales: I) Genética y II) Adquirida (manejo).
La relación entre sedosidad y pureza a nivel genético ya la mencionamos en una de las tipologías previamente tratadas.
Lo realmente impactante y escasamente difundido es que esta relación entre sedosidad y pureza se hace aun mas fuerte en cuanto al aspecto adquirido. Veamos de que se trata: cuando decimos que la sedosidad se puede apreciar al tacto, estamos dando por entendido que el tacto recibirá una serie de estímulos.
Sentir una piel sedosa es sentir que nuestra mano se desliza fácilmente sobre la misma. Por el contrario una piel lanosa será una piel donde ese deslizamiento obtendrá mayor resistencia.
Para entenderlo mejor podemos imaginar nuestra mano sobre un pañuelo de seda y sobre una bufanda de lana y las sensaciones que obtendremos sobre cada una de ellas. Ahora bien, estas fibras sedosas o lanosas no solo tienen un comportamiento determinado al tacto sino que también poseen una estructura bien diferenciada.
Las fibras lanosas son mas ásperas (imaginemos la lana bajo el microscopio) y las fibras sedosas son mas suaves, lo que determina una forma de relacionarse -las fibras- frente a la impureza (suciedad) de origen adquirida. Las fibras lanosas poseen mayor capacidad de absorber la suciedad relativa de un ambiente.
Por otro lado, así como nuestra mano se desliza con mayor facilidad sobre las pieles sedosas; la suciedad tiene mayor facilidad para deslizarse, para patinar, en las fibras sedosas. Es decir las fibras sedosas tienen menos posibilidades de absorber suciedad que las fibras lanosas con lo que llegamos a la maravillosa conclusión de que animales mas sedosos son animales mas limpios.
Esta relación se ve de manifiesto en su plenitud en la panza de los animales que no en vano es la zona de la chinchilla mas expuesta a ensuciarse. Aquellos criadores capacitados para distinguir apropiadamente la textura de un animal comprobaran, no sin asombro, mejores panzas en los animales mas sedosos.
Poco a poco nos vamos sumergiendo en un conocimiento mas profundo acerca de la calidad de la chinchilla y descubrimos la enorme interrelación existente entre las distintas características. En lo referente a la textura, sus implicancias son aun mayores a lo mas arriba expuesto y, reiteramos, son esenciales a la hora de producir una piel de primera calidad. Veamos: la mayor o menor aspereza de una piel tiene una relación directamente proporcional al brillo que esa piel refleja.
Las fibras de pelo mas lanosas, mas ásperas, tendrán la capacidad no solo de absorber suciedad sino también que son mas absorbentes de la luz. No la reflejan, con lo que este tipo de fibra siempre es mas opaca. Por lo tanto, ya muchos de ustedes podrán deducir, las pieles con mayor sedosidad tendrán en la mayoría de los casos, mayor brillo.
Mayores niveles de sedosidad también tendrán una relación directa con la producción de pieles con menores niveles de daños. Los criadores mas avezados ya habrán comprobado que la existencia de nudos en la piel de un animal es de mayor probabilidad en los ejemplares lanosos. Estos nudos no siempre son detectados a tiempo por el criador y en algunos casos son retirados de la piel del animal en la mismísima curtiembre con la desagradable evidencia que debajo de ellos nos encontramos con una clapa o pelo en crecimiento que disminuye sensiblemente el valor de la piel.
Siempre recuerdo la anécdota que me contara años atrás Gary Neubauer en donde un importante peletero le comentaba su sorpresa al presenciar una discusión entre criadores de chinchillas acerca de la sedosidad. El peletero no podía creer semejante disputa y la consideraba sin sentido ya que en definitiva ambos criadores estaban hablando de chinchillas: la piel mas sedosa del mundo!
La suma de historias y evidencias nos acercan a comprender la cabal magnitud que tiene la textura en la producción de nuestras pieles. Entender la interrelación existente entre distintas características nos acercará un paso mas al objetivo de convertirnos en mejores criadores.
Y si el equilibrio es nuestra meta, no cometeríamos ninguna injusticia si a partir de ahora proclamásemos grandes, oscuras, densas, azules y sedosas como sinónimo de buena piel
Eduardo BorkowskiDirector Fundador
Consejo Argentino de la Industria de la Chinchilla
Eduardobork@fibertel.com.ar
Infochin
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