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Intoxicaciones en las abejas (con especial referencia a la Ecotoxicología y a la Obtención, Conservación y Remisión de muestras para Investigaciones Toxicológicas de Laboratorio)

Las intoxicaciones o toxicosis consisten especialmente en un estado crónico de envenenamiento por la absorción continúa de pequeñas cantidades de un tóxico endógeno o exógeno. Las intoxicaciones que pueden sufrir las abejas pueden tener un origen natural o ser ocasionadas por productos químicos en cuya producción o aplicación interviene el hombre.

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Miércoles 20.08.2008Resumen

En la presente monografía se realiza un estudio de las intoxicaciones de las abejas clasificadas por su origen con referencia a la patogenia, sintomatología clínica, diagnóstico y control.

Aunque el tema central no es la Ecotoxicología, debido a que las abejas constituyen indicadores biológicos para ciertos estudios ecotoxicológicos sobre plaguicidas y al mismo tiempo pueden ser víctimas de estos productos, consideramos incluir un epígrafe que abordara el tema de las abejas desde el punto de vista del "juez" y no como "parte", como una contribución más a los conocidos beneficios de estos insectos para el hombre.

Por último se abordó el tema de la obtención, conservación y remisión de muestras al laboratorio para investigaciones toxicológicas, por considerarse que estos procedimientos tienen tal importancia que, a menudo son determinantes para llegar a una conclusión diagnóstica.

Palabras claves: Intoxicaciones. Toxicosis. Ecotoxicología. Muestras. Investigaciones de Laboratorio. Apicultura.

Intoxicaciones en las abejas

Las intoxicaciones o toxicosis consisten especialmente en un estado crónico de envenenamiento por la absorción continúa de pequeñas cantidades de un tóxico endógeno o exógeno. Las intoxicaciones que pueden sufrir las abejas pueden tener un origen natural o ser ocasionadas por productos químicos en cuya producción o aplicación interviene el hombre. Tomando como base este criterio, pueden clasificarse en:

De origen natural

  • Por néctar extrafloral
  • Nectárica
  • Polínica
  • Originadas por la actividad humana

Por plaguicidas

  • De origen industrial
  • Medicamentosas

El funcionario veterinario debe tener en cuenta que las intoxicaciones de origen natural surgen casi siempre relacionadas con factores de vegetación local y climatológicos, restringidas al área de pecoreo de las abejas afectadas, mientras que las originadas por la actividad del hombre, están estrechamente vinculadas a la actividad fitosanitaria, las más importantes, o a contaminaciones industriales y aplicaciones erróneas de medicamentos, etc.

Intoxicaciones de origen natural

Las intoxicaciones de origen natural se deben a la ingestión por las abejas pecoreadoras de alimentos tóxicos naturales de origen animal y más comúnmente vegetal. Las abejas pecoreadoras pueden ingerir esos alimentos e intoxicarse, pero también pueden llevarlos a la colmena y con ello intoxicar a las crías y también contaminar la miel.

Intoxicación por néctar extrafloral

El néctar extrafloral es un líquido dulce, resinoso, que puede tener un origen animal o vegetal. El de origen animal es producido por pulgones, cocos y otros insectos, mientras que el de origen vegetal, conocido como rocío de miel, es una secreción jugosa de las plantas que puede producirse en las hojas y yemas, sobre todo de las coníferas, generalmente suele ser menos tóxico para las abejas que el de origen animal.

En dependencia de la especie de planta de la cual provenga el néctar extrafloral, éste puede ser más o menos tóxico; además, algunos microorganismos pueden multiplicarse en estos néctares y reforzar su toxicidad. La toxicidad de los néctares extraflorales está dada por su contenido en carbohidratos, glucósidos, alcaloides, saponinas, sales minerales y toxinas producidas por los microorganismos.

Patogenia y sintomatología clínica

Las abejas y las larvas enferman por ingestión de néctar extrafloral o de miel elaborada a partir de estos néctares. La intoxicación se produce la mayoría de las veces en la época más cálida del año y enferman, sobre todo, las pecoreadoras, que pueden morir a los 2 a 3 días o algo después. También pueden afectarse las nodrizas y las larvas, en las cuales la intoxicación se desarrolla algún tiempo después.

La enfermedad se caracteriza por un gran desorden digestivo y la muerte masiva de abejas. Las abejas se vuelven muy irritadas y muchas caen al suelo o al fondo de la colmena, donde se observan arrastrándose, con el abdomen aumentado de volumen.

Es posible observar las paredes, los panales y la piquera manchadas de heces fecales y numerosas abejas muertas dentro y fuera de la colmena.

En las abejas enfermas el intestino medio está fláccido y de color carmelita oscuro, negro o gris-negruzco. Las larvas de 3 a 5 días de edad pueden morir. En la cámara de cría se encuentra la miel de néctar extrafloral, de color carmelita oscuro o café (no siempre), carente del olor típico de la flor de procedencia, menos dulce y con un desagradable sabor metálico.

Diagnóstico

El diagnóstico presuntivo se establece sobre la base del estudio de la sintomatología clínica, los cambios patológicos del intestino medio y la investigación de la miel para determinar su procedencia extrafloral.

La determinación de la procedencia extrafloral de la miel se realiza mediante un procedimiento químico sencillo: en una probeta se echan 0,5 g de miel y se añaden 0,5 ml de agua destilada y se mezclan bien. Luego se añade 1 ml de agua de cal, se agita y calienta hasta la ebullición. En caso positivo se forma un sedimento con aspecto de algodón y en caso negativo está ausente éste.

Control

La intoxicación por néctar extrafloral se puede evitar manteniendo los apiarios en zonas donde siempre haya floraciones, ya sea de cosecha o de sostenimiento. Si la escasez es grande se debe suministrar alimentación suplementaria.

Se debe evitar situar los apiarios en áreas de plantas productoras o donde proliferen los insectos productores de estos néctares en la época de flujo. Si se detecta miel de este tipo en la colmena, debe retirarse y suministrarse alimento de buena calidad a la colonia.

Intoxicación nectárica

Consiste en una intoxicación con el néctar floral de determinadas plantas. Se afectan principalmente las abejas pecoreadoras y en ocasiones, también las larvas. En Cuba se plantea que la planta de mayor importancia en este sentido es el rododentro (Rhododendrum sp.), aunque este aspecto no está bien estudiado. La toxicidad del néctar floral de estas plantas depende de su contenido en alcaloides, glucósidos y saponina.

Patogenia y sintomatología clínica

Generalmente la intoxicación nectárica surge después de un período de mal tiempo. Su desarrollo puede tener un curso agudo y ocasionalmente lento. En los casos agudos las pecoreadoras mueren de repente, sin llegar con el néctar a la colmena; el daño en la colmena no es grande porque mueren pocas abejas.

Cuando la enfermedad se desarrolla más lentamente puede resultar más peligrosa, pues ocurre la señalización de la fuente floral a las demás pecoreadoras y la salida masiva hacia la floración peligrosa, entrando el néctar a la colmena en cantidad apreciable, afectándose además la cría.

Las abejas enfermas y muertas pueden hallarse en las plantas de procedencia del néctar tóxico, en el camino hacia la colmena, en los alrededores y dentro de la colmena. Las enfermas pierden la capacidad de volar y se muestran al principio irritadas y luego abatidas, con síntomas de parálisis. En esta situación no siempre se produce la muerte y puede tener lugar la recuperación al cabo del primer día.

En colmenas aisladas pueden morir solamente la reina y las larvas de reina. En las abejas muertas se encuentra el recto distendido y lleno de un líquido amarillo claro, transparente, el que resulta tóxico para las abejas si se les suministra en el alimento. Las abejas enfermas y la cría desoperculada son eliminadas de la colmena rápidamente. La cría operculada se vuelve de color amarillo oscuro y las abejas gradualmente destapan las celdillas y la eliminan.

Diagnóstico

Clínicamente se observa un curso rápido del proceso en las abejas afectadas, fundamentalmente las pecoreadoras, manteniéndose los síntomas durante un período relativamente largo. Se recuperan muchas de las abejas enfermas. Los cambios anatomopatológicos no son significativos. El examen microscópico del contenido intestinal o de la miel, permite identificar la procedencia de plantas tóxicas, por el estudio de la estructura de los granos de polen que aparecen.

Control

Con el conocimiento de la flora del lugar se deben evitar los emplazamientos de apiarios en zonas donde abunden los néctares tóxicos en su época de floración. A las colonias afectadas se les suministrará sirope de azúcar al 30-50%.

Intoxicación polínica

Se debe a intoxicaciones de las abejas producidas por ingestión de polen tóxico producido por ciertas plantas. Se han registrado como plantas productoras de polen tóxico, entre otras, las siguientes: cebolla, acónito grande, ranúnculo, romero silvestre, hierba cana, tabaco, algodonero, eleboro, etc.

Patogenia y sintomatología clínica

Los síntomas de la enfermedad se observan en las abejas jóvenes, de 3 a 13 días de edad (con mayor frecuencia de 10 días), grandes consumidoras de polen, mientras que las pecoreadoras lo transportan sin peligro alguno. Las dificultades en el suministro de agua a la colmena predisponen a la intoxicación polínica, por ejemplo, durante la sequía o el mal tiempo.

Las manifestaciones clínicas se observan pasados unos 25 minutos y no después de cinco horas; las abejas primeramente se observan muy irritadas y luego, deprimidas; se arrastran, presentan el abdomen muy abultado y finalmente mueren. Las muertes se producen en las abejas de 3 a 13 días de edad y, con mayor frecuencia, las de 10 días.

El curso del proceso suele ser rápido, con frecuencia comienza con la enfermedad y la muerte de un número significativo de abejas jóvenes, pero en los últimos días las muertes alcanzan cifras de cientos y a veces miles en un día, para luego disminuir rápidamente con la entrada de néctar a la colmena.

Diagnóstico

La excitación seguida de la depresión y muerte sólo de abejas jóvenes y los datos sobre floraciones tóxicas en la zona de pecoreo, permiten establecer una sospecha firme de la intoxicación, mientras que el hallazgo del intestino medio y el recto repletos de polen, donde predomina el de algunas de las plantas señaladas, permite verificar el diagnóstico.

Control

La intoxicación polínica se previene garantizando un suministro suficiente de agua a las colonias, principalmente en la época de floración de plantas tóxicas. La enfermedad generalmente transcurre en un período corto y las abejas se recuperan con la entrada de néctar a la colmena o con el suministro de sirope de azúcar durante uno a dos días, a razón de 0.5 a 1 litro o más por colmena, según su fortaleza.

Intoxicaciones originadas por la actividad humana

Desde el mismo comienzo de la vida, el hombre tuvo que satisfacer sus necesidades, y por tal motivo ha interactuado con la naturaleza, y en el mejor de los casos la ha modificado, influyendo sobre los ecosistemas. Ya en el neolítico, al aparecer los cultivos, el hombre comienza a eliminar las superficies forestales con el fin de ampliar las áreas cultivables, esto se hace más marcado en la Edad Media, época en la que comenzó el esplendor en el uso de la madera con diferentes fines.

Al descubrirse un nuevo continente se piensa que los recursos son inagotables, por lo que la tala de bosques en esta etapa fue indiscriminada, a este aspecto se une la revolución industrial en el siglo XVIII, la que trae como resultado el aumento y acumulación de la población en núcleos urbanos.

Los factores antes mencionados traen como resultado un aumento considerable en el consumo y uso de los recursos naturales, por lo que se hace necesario, además de buscar nuevas fuentes de energía, la síntesis de nuevos compuestos químicos que satisfagan las necesidades crecientes de la humanidad.

Este es el punto crítico a partir del cual comienzan a generarse compuestos químicos obtenidos por vía sintética en los estados sólidos, líquidos y gaseosos que tienen como destino final la tierra, el agua y el aire, y por lo tanto se ven afectados por éstos (tanto en su forma inicial como sus desechos), el hombre, las plantas y los animales.

Específicamente en el caso de las abejas y teniendo en cuenta sus características biológicas radio de vuelo, actividad de pecoreo, entre otras éstas pueden intoxicarse en el entorno por diversas sustancias generadas por la actividad humana como son los plaguicidas, las emanaciones industriales y en general, por la contaminación ambiental existente. Además, el hombre las afecta cuando irresponsablemente les administra medicamentos en forma inadecuada para tratar una enfermedad dada.

Intoxicaciones por plaguicidas

La lucha química contra las plagas de la agricultura ha alcanzado tal envergadura, que cada día se emplea un mayor número de sustancias químicas para controlar los insectos y las enfermedades infecciosas de las plantas o contra las plagas que pueden dañar los productos alimenticios durante su almacenamiento, elaboración o transportación. La clasificación general de estas sustancias es la siguiente:

  • pesticidas
  • insecticidas
  • acaricida
  • fungicidas
  • herbicidas
  • defoliantes

Desdichadamente y, especialmente en el caso de los pesticidas e insecticidas, estas sustancias no diferencian entre los insectos dañinos y los beneficiosos y, debido a los hábitos de trabajo de las abejas, éstas frecuentemente están expuestas al envenenamiento o intoxicación por el contacto o ingestión de dichas sustancias, que forman parte de la práctica agrícola actual. Las pérdidas provocadas de esta forma resultan muy costosas a la apicultura.

Los insecticidas más peligrosos para las abejas son los que actúan por ingestión, entre ellos se encuentran los siguientes

Inorgánicos. A base de arsénico, flúor y bario.

Orgánicos. Como el DDT, hexaclorados, grupo metoxiclor, organofosforados de los grupos metafos, tiofos, carbofos y otros.

Además se señalan como muy tóxicos los productos a base de DDVP (vapona), carbarilo y diazinón, en tanto que son poco tóxicos aquellos a base de canfeno, policlorurados, policlorpineno y endosulfano.

Un plaguicida puede tener un amplio rango de toxicidad, dependiendo de la sensibilidad específica de los organismos blanco y de sus distintas formulaciones. Teniendo en cuenta estos criterios se ha logrado clasificar estos compuestos según el grado de toxicidad que causen en las abejas, en diferentes categorías.

Atendiendo a la clasificación anterior, se hace referencia a una amplia relación de plaguicidas según su grado de toxicidad frente a las abejas, demostrando el real peligro que ofrecen estos productos para dichos organismos.

Para la apicultura las muertes causadas por los plaguicidas constituyen una problemática de primer orden, situación favorecida por las siguientes causas: carencia de amplia documentación sobre las características de los productos que se aplican, tales como la residualidad sobre los cultivos, toxicidad para las abejas y métodos de preservar las mismas; la inexistencia de algunas medidas técnico-organizativas como sistemas de aviso a los apicultores, y de la consecuente divulgación de la ubicación de los apiarios. Por último, el arrastre de estos productos a grandes distancias, por desperfectos de los equipos en unos casos y por descuidos de los operarios en otros.

Patogenia y sintomatología clínica

Según su tipo, los tóxicos actúan sobre los insectos de diferentes formas:

  • por acción cáustica, afectando los biocatalizadores orgánicos con el bloqueo de procesos vitales.
  • por acción deshidratante, una vez presente en el tracto digestivo.
  • por acción directa sobre el sistema nervioso.

Por estas razones el proceso cursa de formas diferentes, en dependencia del tipo y acción, y además, de su concentración y de la forma en que las abejas lo obtuvieron (con el néctar o con el polen), pues cuando el producto es recogido con el néctar y es de acción rápida, la muerte del insecto se produce rápidamente, por lo general, en el campo o en el camino hacia la colmena.

Esto se explica porque el néctar se almacena en el buche y pequeñas cantidades pueden pasar al intestino si el animal tiene necesidad para su propia nutrición, y entonces en el intestino se absorbe, actuando la sustancia química de inmediato.

En estos casos la enfermedad cursa en un breve lapso no encontrándose enemigo alguno de las abejas ni residuos tóxicos en la miel; se observa una caída brusca de la fortaleza de la familia y el paso de nodrizas a realizar funciones de pecoreadoras, que se conocen como abejas pecoreadoras velludas, y se detectan por su color menos brillante, la abundancia de pelo y la falta de atención a la cría.

Durante la colecta de néctar contaminado con tóxicos de acción lenta o cuando el tóxico de cualquier tipo se encuentra en el polen, las abejas lo llevan para la colmena e indican a las demás pecoreadoras la fuente de provisiones.

En tal caso las abejas acuden masivamente a la zona peligrosa y acarrean grandes cantidades del alimento contaminado. En la colmena, al traspasarse el alimento a otros miembros de la familia, se produce la muerte masiva de éstos, de distintas edades y también de la cría, lo que se hace particularmente manifiesto en familias muy fuertes, donde tiene lugar una gran entrada de provisiones.

Cuando ocurre la muerte masiva de las abejas rápidamente se evidencia una desproporción entre la cantidad insuficiente de adultas y la cantidad de cría, y entonces también hay muerte en la cría por enfriamiento, por hambre o debido al consumo de néctar o polen contaminados.

Si se produce recolección poco abundante de polen contaminado la muerte de las abejas se puede producir durante un período relativamente largo, de varias semanas, según se va alcanzando en el organismo la dosis letal del tóxico, por acumulación. Como parte de la colonia, la reina puede ser afectada y morir si recibe una dosis letal del tóxico o sufrir disminución de la puesta que de 2 000 a 2 500 huevos diarios puede disminuir a solamente 500 ó 600.

El efecto debilitante de las intoxicaciones predispone a la familia abejuna al padecimiento de otros procesos morbosos.

Las manifestaciones clínicas más frecuentes son los temblores y movimientos en círculos. A menudo, la caída del pelo y el cambio de coloración hacia un color negro lustroso, aunque este último signo puede variar en dependencia del tóxico. Las abejas enfermas se desprenden de los panales y se arrastran sobre el fondo y en el suelo; al inicio adoptan una posición erecta y luego su cuerpo se arquea.

En algunos casos hay proyección de la lengua y elevación de las alas. Según la gravedad del proceso se observan abejas muertas en grandes cantidades en el territorio del apiario, cerca de las piqueras y dentro de la colmena, en el fondo. En las piqueras se pueden ver abejas sanas extrayendo las abejas y crías muertas, echándolas fuera de la colmena.

En las intoxicaciones con arsenicales o con algunos preparados orgánicos sintéticos, la muerte se produce rápidamente, después de manifestarse los primeros síntomas.

Es tal la diversidad de productos que se emplean como pesticidas u otros fines, que no se puede pretender abordar las particularidades sintomatológicas que se producen, sino aquellas más comunes. Los daños ocasionados pueden ocasionar que solamente se pierda fuerza de trabajo, pero también es posible que algunas colonias mueran eventualmente.

Diagnóstico

El envenenamiento es reconocible por la rápida desaparición de abejas adultas. Algunas no vuelven jamás a la colmena, otras mueren al llegar a la piquera, pero gran número de abejas aparecen sobre o alrededor del tablero de aterrizaje con los cuerpos hinchados y todos los síntomas de parálisis. También pueden hallarse en el exterior larvas casi del todo desarrolladas, pues si se trata de polen contaminado que entró en la colmena pueden envenenarse y morir las abejas nodrizas y las larvas.

Es necesario informarse sobre las actividades fitosanitarias realizadas en la zona de pecoreo de las abejas del apiario en cuestión, lo que puede ser un dato de enorme valor para establecer el diagnóstico. Además, debido a la similitud de la sintomatología clínica con la presente en otras enfermedades, debe hacerse el diagnóstico diferencial con la parálisis viral, la nosemiasis, la hafniosis, la septicemia y la acariasis.

De todas formas, siempre que se produzca mortalidad masiva, independientemente de las evidencias clínicas, se requiere del diagnóstico de laboratorio que es confirmativo. El diagnóstico de laboratorio puede ser químico, biológico o toxicológico.

Control

Prevención

Como principio, la prevención de las intoxicaciones debe ocupar un lugar primordial. En este caso contempla los siguientes aspectos:

  • Promulgación de una ley que regule la aplicación de pesticidas y, específicamente, las condiciones de su uso en relación con la apicultura.
  • Aplicar los productos teniendo como base el conocimiento de su toxicidad para las abejas, la duración del efecto residual y las medidas de protección.
  • Instrumentación y cumplimiento de las medidas de aviso a los apicultores, así como el conocimiento de la ubicación de sus apiarios por las autoridades sanitarias correspondientes.
  • Para reducir al mínimo los perjuicios a la economía apícola, se debe tomar una conciencia cada vez mayor de ser más cuidadosos en la cronología y el método de aplicación de los pesticidas. No obstante, en muchos casos será necesario trasladar las colonias de ciertas áreas en determinados períodos.
  • A fin de reducir el riesgo de que las abejas acopien agua contaminada, es conveniente proporcionar a las colonias agua limpia colocada en recipientes próximos a las colmenas.

Recomendaciones

Las medidas preventivas anteriores se cumplimentan con las siguientes recomendaciones:

  • No aplicar tratamientos sobre vegetales o árboles frutales en flor.
  • Buscar combinaciones de plaguicidas que resulten menos dañinas que los productos por separado, disminuyendo el número de fumigaciones y las frecuencias de contacto. Se han ensayado pulverizaciones que reúnen, a su efectividad, las circunstancias de ser inocuas respecto a las abejas, o tan repelentes a las mismas que impiden a éstas acopiar miel o polen contaminados. Por ejemplo, el demetanol-metil-malatión, que como es repelente su peligrosidad disminuye en un 75%.
  • No tratar los cultivos tardíamente, cuando la masa fundamental de malas hierbas está en floración, porque el efecto más dañino ya lo causaron y, además, se provoca la muerte masiva de abejas.
  • Recoger toda la vegetación indeseable florecida antes de realizar tratamientos químicos en plantaciones de melíferas no florecidas, como cítricos, café, boniato, etc.
  • No tratar cultivos infestados con áfidos que producen mielato.
  • Vigilar la velocidad de los vientos en el momento de aplicar el producto pulverizado o asperjado, para evitar la contaminación de plantaciones florales aledañas a los campos tratados. Siempre hay que tener en cuenta que la asperjación, más aún la aérea y peor si se utiliza espolvoreo aéreo, pueden provocar el arrastre de los pesticidas por el viento hasta grandes distancias. En estudios realizados en la ex-URSS se demostró que el 12% de los apiarios afectados se encontraban a más de seis kilómetros del lugar de la utilización del producto.

Con aparatos terrestres para la aspersión la velocidad del viento no debe exceder de 3 m/seg para gotas finas y de 4 m/seg para gotas gruesas. Iguales velocidades se recomiendan para la aspersión líquida. Para el espolvoreo aéreo la aplicación debe regularse de manera que la velocidad del viento no sea mayor de 2 m/seg.

  • Limpiar cuidadosamente los aparatos después del uso de productos tóxicos para las abejas, evitando la posible mezcla con productos inofensivos para tratamientos ulteriores. Estos descuidos son frecuentemente la causa de intoxicaciones masivas.
  • No fregar las máquinas utilizadas en la aplicación de plaguicidas en ríos, presas y otras fuentes de agua.En caso de muerte masiva de abejas, recoger toda la información posible, tomar las muestras indicadas y enviarlas rápidamente al laboratorio.

El problema de las intoxicaciones por pesticidas debe verse, ante todo, como ineficiencia del trabajo veterinario y fitosanitario; a ambos cabe la responsabilidad por la muerte de abejas y la contaminación de los productos de la colmena, con riesgo para la salud humana.

Los servicios veterinarios y fitosanitarios deben garantizar el aviso oportuno, y el veterinario y los apicultores deben aplicar las medidas que correspondan, ya sea el aislamiento (poco favorable en ciertas condiciones cuando es prolongado) o la trashumancia a otras zonas fuera de peligro.

Recuperación

Confirmada la sospecha de intoxicación, se recomiendan como medidas recuperativas las siguientes:

  • Disminuir el crecimiento de la colmena adecuando ésta a las abejas que sobrevivieron.
  • Extraer toda la miel de las colmenas.
  • Fundir (unir) todas las colmenas débiles de un mismo apiario.
  • Recoger todas las abejas muertas, dispersas en el suelo, incinerarlas y enterrar sus cenizas.
  • Suministrar sirope con azúcar, preparado en proporción 1:1 durante 3 a 5 días, a razón de 0,5 litros por cuerpo.
  • Dotar al apiario de un bebedero para impedir el contacto de las abejas con aguas contaminadas.
  • Aplicar un tratamiento profiláctico con antibióticos de amplio espectro a fin de evitar infecciones sobreañadidas.

Intoxicación de origen industrial

Intoxicación de las abejas por distintos productos químicos de origen industrial, en zonas melíferas contaminadas con emanaciones y residuos de éstos. Cursa de formas diferentes, en dependencia del tipo y acción del contaminante industrial.

El emplazamiento de un apiario próximo a instalaciones industriales que emiten sustancias potencialmente tóxicas para las abejas o que contaminen la flora apícola, está mal ubicado. Igualmente, las abejas de apiarios muy próximos a los grandes núcleos urbanos pueden sufrir los efectos de la contaminación ambiental, pues las abejas en busca de alimento, suelen perder el rumbo no siendo seguro el vuelo de regreso.

Intoxicación medicamentosa

Intoxicación producida por el uso indebido o excesivo de un medicamento, principalmente un antibiótico o quimioterapéutico. La patogenia y sintomatología clínica dependerán de la naturaleza del medicamento.

En general, cuando los medicamentos son administrados con las dosis y frecuencia recomendadas para la enfermedad en cuestión y se toman las medidas indicadas no deben ocurrir casos de intoxicación medicamentosa en las abejas.

Por las razones anteriores se recomienda en casos de aplicación de ciertos medicamentos la eliminación de la miel o incluso el saneamiento total.

 

La ecotoxicología y las abejas

Aunque el tema central de la presente monografía no es la Ecotoxicología, debido a que las abejas constituyen indicadores biológicos para ciertos estudios ecotoxicológicos sobre plaguicidas y al mismo tiempo pueden ser víctimas de estos productos según tratamos anteriormente, consideramos prudente incluir un epígrafe que abordara el tema de las abejas desde el punto de vista del "juez" y no como "parte", como una contribución más a los conocidos beneficios de estos insectos para el hombre.

De acuerdo con lo anterior, es necesario entonces exponer algunos aspectos generales para lograr una mejor comprensión de lo que pretendemos tratar.

Definiciones

La Ecotoxicología es la esfera de las ciencias toxicológicas, que pone los conocimientos de la Toxicología en función de la Ecología, con el único propósito de contribuir cada vez más a la calidad de nuestro entorno.

Algunos investigadores han definido la Ecotoxicología como la rama de la Toxicología dedicada al estudio de los efectos tóxicos causados por los contaminantes naturales o sintéticos, sobre los constituyentes de los ecosistemas con especial atención a las vías de transporte del agente contaminante y sus interacciones con el medio.

No estando en desacuerdo con lo planteado anteriormente, también se puede definir la Ecotoxicología como la disciplina que tiene el objetivo de estudiar las formas de contaminación del ambiente por los pulantes, así como los mecanismos de acción y sus efectos sobre el conjunto de los seres vivos que pueblan la biosfera, para de esta forma poder evaluar la importancia de los atentados que la contaminación produce en los ecosistemas e intentar prever sus consecuencias futuras.

Mediante el análisis de estas definiciones, se puede llegar a la conclusión de que la Ecotoxicología reviste gran importancia, debido a que, a través de sus múltiples estudios puede llegar a prever, a evaluar e incluso contribuir a la recuperación del trastorno producido por la llegada de un tóxico a un ecosistema, lo que se convierte en una necesidad imperiosa de nuestros días.

Los ecosistemas, centro de atención de la Ecotoxicología, no son completamente vulnerables a la acción de los tóxicos, pues cuentan con numerosos mecanismos homeostáticos que les permiten muchas veces restablecer el equilibrio dinámico después de una agresión y superar el efecto de ésta.

Para poner en práctica esta "defensa", el elemento agresivo puede ser eliminado o integrado a la dinámica del mismo; y en otras ocasiones, cuando el contaminante llega a lesionar algunos elementos del sistema, éstos pueden recuperarse, siempre que el daño no sobrepase la capacidad homeostática del mismo, e incluso, puede llegar a adaptarse. Pero cuando la agresión supera las posibilidades de equilibrio del medio, éste puede mutar o quedar permanentemente afectado hasta sucumbir.

Desde el punto de vista ecotoxicológico sólo son de interés, aquellas acciones contaminantes que por su importancia cuantitativa, tengan repercusión en la dinámica natural del ecosistema.

Ensayos de Ecotoxicidad

Modelos experimentales

Los modelos que se emplean como métodos de estudio ecotoxicológicos pueden ser; matemáticos y experimentales de laboratorio, los que ofrecen valiosos resultados por la alta similitud a los efectos reales que se logra con los mismos.

Muchos ensayos ecotoxicológicos se realizan en organismos vivos representativos del ecosistema, utilizados como modelos experimentales indicadores. Los modelos experimentales se deben seleccionar por su sensibilidad, facilidad de consecución y posición en la cadena alimentaria teniendo siempre presente el posible uso de los productos fitosanitarios.

Estos ensayos se realizan fundamentalmente de acuerdo a disposiciones oficiales de organismos internacionales. Internacionalmente estas normativas se refieren a ensayos de ecotoxicidad de las sustancias puras antes de su comercialización, y dependiendo de la cantidad de producción anual se exige la aplicación de los distintos niveles de estudio.

Los ensayos fundamentales que se realizan utilizan como modelos experimentales determinados géneros y especies de peces, microcrustáceos, algas, plantas superiores, plantas terrestres, la lombriz de la tierra, microorganismos del suelo, aves y abejas.

Además se realizan otros tipos de estudios como son: ensayos de biodegradación, biodegradabilidad inmediata de substancias orgánicas, biodegradabilidad intrínseca y en ensayos en organismos salvajes.

Todos los datos obtenidos por los métodos citados nos permiten la evaluación de los efectos de las sustancias potencialmente ecotóxicas y la detección, vigilancia y seguimiento de los efectos de la contaminación sobre el ecosistema mediante el estudio de organismos indicadores. Además es necesario valorar la repercusión sobre el ecosistema y dinámica de las perturbaciones producidas en las distintas poblaciones y deducir el impacto ambiental.

Todos estos estudios se realizan fundamentalmente sobre subsistemas terrestres y acuáticos, permitiendo conocer los complejos procesos directos e indirectos desencadenados por los xenobióticos y sus residuos en estos medios, donde se desarrolla la vida,

Particularidades de los ensayos ecotoxicológicos en abejas

Las abejas constituyen indicadores biológicos adecuados debido a que estos organismos habitan en lugares que pueden estar expuestos al uso de plaguicidas. Su contaminación con los mismos se puede producir a través de su aleteo, mediante la obtención de néctar y polen para su alimentación durante sus labores de polinización, con las que incluso hace posible la expansión del tóxico hacia otros lugares. Además es necesario su control, porque al estar afectadas, podrán contaminar a su vez los productos de su colmena, los cuales pueden originar toxicidad para otros organismos incluyendo al hombre.

Las abejas que se utilizan en los ensayos regulados internacionalmente, son de la especie Apis mellifera, con una edad comprendida de 1 a 7 días, las cuales son alimentadas con solución de agua-azúcar al 50%.

Los ensayos regulados internacionalmente son los siguientes:

1. Estudios de laboratorio

a. Toxicidad aguda por contacto

b. Ensayo de alimentación

c. Ensayos de plaguicidas microbiológicos

2. Estudios de medio campo

3. Estudios de campo

a. Test de campo

b. Toxicidad de los residuos de follaje

1. Estudios de laboratorio

a. Toxicidad aguda por contacto

Las abejas se obtienen el día antes del ensayo, momento en el cual son anestesiadas e igualmente antes del experimento. El producto se administra tópicamente y en dosis única y las abejas son mantenidas bajo condiciones de temperatura, humedad e iluminación controladas. Durante las primeras 4 h posteriores al tratamiento se someten a una observación clínica minuciosa que se repite a las 24 y 48 h. Las variables de respuesta son la DL50, pendiente de la curva dosis/respuesta y signos de intoxicación.

b. Ensayo de alimentación

El producto se le administra a las abejas dispersado en la dieta, después de un período previo de 2 h sin ingerir alimento, su supervivencia es monitoreada durante 48 h después de iniciada la exposición. Si la mortalidad se incrementa después de este periodo puede extenderse la observación a 72 ó 96 h como máximo. Los resultados son usados para calcular los valores de la CL50 o la DL50. La máxima dosis evaluada puede ser determinada por la solubilidad del compuesto.

c. Ensayo de plaguicidas microbiológicos

Las abejas se obtienen el día antes del ensayo, momento en el cual son anestesiadas e igualmente antes del experimento. Cuando se espera que el agente microbiológico se exponga a las mismas a través de la dieta o que puedan introducirlo a la colmena a través del polen, el producto se administrará oralmente. las abejas son mantenidas bajo condiciones de temperatura, humedad e iluminación controladas y se observarán al menos 30 días después de la dosificación. Las variables de respuesta son los resultados del ensayo toxicidad, infectividad y patogenicidad.

2. Estudios de medio campo

Constituyen el paso intermedio entre los estudios de laboratorio y los de campo.

Una pequeña colmena se mantiene dentro de una red de malla con dimensiones generalmente de 3 x 2 x 2 m (largo, ancho, altura), levantadas sobre parcelas florecidas, usándose una por cada tratamiento. Los productos son aplicados al campo en los rangos de dosis recomendados para su uso.

Se observan 24 h antes del tratamiento y se continua hasta al menos las 96 h después del mismo, pero nunca superando los 7 días. Se determina la mortalidad diariamente y la actividad de forraje, sometiéndose estos resultados a un análisis semicuantitativo. En ocasiones es necesario hacer análisis de residuos en las abejas muertas y en productos de la colmena (cera, polen y miel).

3. Estudios de campo

a. Test de campo

Se emplean tantos sitios experimentales como tratamientos a evaluar, utilizándose un tratamiento por parcela. Estas deben estar florecidas, separadas por al menos 1 km de distancia y bajo control de humedad y temperatura. Se emplean colmenas saludables de reinas, de al menos 30 000 individuos.

El producto se aplica en los rangos de dosis recomendados para su uso en la agricultura y los períodos de observación son iguales a los del test de medio campo, determinándose diariamente la mortalidad, la actividad de forraje y el comportamiento en y alrededor de la colmena, así como la cantidad y composición del polen. Estos datos son analizados semicuantitativamente. En ocasiones es necesarios realizar análisis de residuos de la misma forma que en estudios de medio campo.

b. Toxicidad de los residuos de follaje

La sustancia de ensayo se aplica a las distintas parcelas de cultivo (preferiblemente alfalfa) en una proporción típica. Posteriormente a este tratamiento y en intervalos de tiempos predeterminados, el follaje tratado es cultivado, luego se corta, mezcla y divide en porciones adecuadas, con las cuales se ponen en contacto las abejas, obtenidas un día antes de la colmena y previamente anestesiadas. Estas son mantenidas en condiciones controladas y se monitorean durante 24 h. Las variables de respuesta son la mortalidad y signos de intoxicación.

 

Obtención, conservación y remisión de muestras para investigaciones toxicológicas en la apicultura

 

Cuando las abejas mueren de una causa desconocida y se sospecha de intoxicación se debe dedicar atención diligente a asegurar la recogida de una muestra apropiada, al historial completo de los síntomas, al tratamiento, a la patología post mortem y a las circunstancias implicadas en la muerte. El médico veterinario que lleva a cabo la investigación y observa los insectos y su medio ambiente en persona puede ser capaz de sugerir la sustancia tóxica o grupo de sustancias implicadas. Un historial completo puede permitir al toxicólogo eliminar diferentes venenos de una consideración adicional y reducir el tiempo y cantidad de trabajo analítico requerido para resultados de valor diagnóstico.

Debido a la complejidad que presentan los casos de abejas intoxicadas, a la trascendencia judicial que las intoxicaciones pueden implicar y a la necesidad de obtener la mayor información relacionada con las mismas, se establecen las medidas siguientes:

1. Cuando se sospecha de intoxicación las abejas deben examinarse cuidadosamente y las muestras ser enviadas al laboratorio cuando el historial, los síntomas, las lesiones y la potencial pérdida económica lo indican. Muchas lesiones y síntomas de intoxicación son semejantes a los de las enfermedades infecciosas por lo que debe hacerse una anamnesis minuciosa del caso en cuestión.

2. Se insistirá en que una muestra adecuada es una necesidad. Las muestras para los exámenes químicos deben ser frescas y conservadas en refrigeración. Sin embargo algunas veces puede obtenerse información de utilidad de insectos y otras muestras conservados en formalina.

3. Hay que tener cuidado en envasar las muestras y en el transporte subsiguiente de ellas. El recipiente debe estar químicamente limpio y prepararse de antemano. Sobres tipo polietileno para refrigeración o envases de cristal son muy satisfactorios. Los frascos con tapas metálicas no son deseables, ya que las muestras no deben estar en contacto con metal alguno. Cada muestra tiene que colocarse en un recipiente individual y en el caso de los sobres de polietileno, se sugiere que se empleen sobres dobles. Los recipientes tienen que llevar una etiqueta con toda la información necesaria para identificar cada muestra.

4. Si la acción legal es una posibilidad, el envase tiene que sellarse mediante un procedimiento que permita probar que no ha habido ninguna alteración en los contenidos originales. A este fin, la continuidad de la propiedad tiene que considerarse y es muy deseable que las muestras, mientras van camino del toxicólogo, pasen por tan pocas manos como sea posible.

5. El embalaje de las muestras es obligatorio observarlo estrictamente, lo cual no responde sólo a los requerimientos técnicos del laboratorio sino a exigencias en el cuidado e identificación de las muestras contra alteraciones o manipulaciones debidas a causas accidentales, por negligencia o a exprofeso.

Es mejor embalar las muestras con hielo o dióxido de carbono sólido. Pueden emplearse para el envío una caja de poliestireno de refrigerador, una lata de metal, o una caja de cartón piedra fuerte. El embalaje debe hacerse de tal manera que evite escapes si todo el hielo se funde. Con nieve carbónica es posible conservar las muestras durante 72 horas.

Cuando se emplea un conservador químico, alrededor de 1 mL de alcohol etílico al 95% por gramo de muestra es satisfactorio. No debe emplearse el alcohol desnaturalizado a causa de la contaminación química que resulta de la presencia del desnaturalizante.

El formaldehído no es aconsejable, ya que interfiere en las pruebas para los tóxicos orgánicos, tales como el cianuro de hidrógeno.

En los casos sospechosos de intoxicación por cianuro las muestras pueden conservarse en una solución de bicloruro de mercurio al 1% y refrigerarse. Las pruebas cualitativas sensibles para el cianuro detectarán cantidades encontradas debido a la autolisis. El análisis para el cianuro debe emplearse solamente para confirmar un diagnóstico clínico.

La refrigeración adecuada es de especial importancia cuando se someten las muestras para el análisis del nitrato o del nitrito, puesto que estas sales son metabolizadas tan rápidamente por los microorganismos que solamente pueden encontrarse en los análisis niveles bajos o insignificantes.

6. En los casos de intoxicación donde se sospecha de un alimento o el agua, muestras de éstos y cualquier etiqueta descriptiva del alimento deben acompañar las muestras de abejas. Deben tomarse también muestras de cualquier saco de alimento todavía sin abrir del mismo lote o embarque. En muchos casos, la cantidad de alimento implicada es tal que algo de ella puede utilizarse para alimentar animales de experimentación en un esfuerzo para reproducir los síntomas y las lesiones observados en los casos en el campo.

La ocupación de muestras alimenticias, pesticidas, etc., se realiza sobre aquellas en las que se tienen sospechas de ser causantes directas de la intoxicación.

Remisión de muestras

a) Proporcionar información adecuada en cuanto al historial, los síntomas, las lesiones post mortem, el medio ambiente y la pérdida económica.

b) Recoger una muestra adecuada.

c) Poner atención cuidadosa en el empleo de recipientes químicamente limpios y en el sellado, etiquetado y conservación apropiados de las muestras.

d) Es necesario que las muestras extraídas se conserven por congelación.

e) El embalaje de muestras alimenticias, medicamentos y otros no deben remitirse unidos a de materiales biológicos que contengan mucha humedad.

Las cantidades de material alimenticio deben obtenerse partiendo de un muestreo sencillo, logrado directamente de aquellos alimentos sospechosos de ser causantes de intoxicación. Se debe significar que la toma de muestras para el análisis toxicológico está en función de las técnicas empleadas en el laboratorio y de su desarrollo depende la calidad y eficacia del diagnóstico. Esto puede obligar en un futuro, a modificar las condiciones establecidas en la toma de muestras e interpretación del diagnóstico.

f) Manejar cada caso como si la evidencia acumulada y el diagnóstico hecho se emplease en el tribunal si hay alguna posibilidad de acción legal.

g) Es imprescindible que toda remisión de muestras al laboratorio se acompañe del modelo de reseña correspondiente. Si se sospecha de intoxicación, se describirán claramente todos los datos anamnésicos que puedan orientar el trabajo diagnóstico, precisando siempre el tipo de sustancia, producto o floración tóxica de que se sospecha.

Abejas

  • Deben recolectarse y enviar al laboratorio aproximadamente 500 abejas muertas y vivas, con síntomas evidentes (temblores y movimientos en círculo, caída del pelo y ennegrecimiento acentuado, entre otros).
  • Las abejas serán recogidas en el interior de las colmenas, delante de las piqueras y en las inmediaciones del apiario.
  • Las abejas deben estar secas en lo posible, evitando que lleven suciedades y otras materias adheridas.
  • Las muestras de abejas se envasarán en frascos de cristal químicamente limpios y secos, de boca ancha y tapa con poros.
  • No deben mezclarse en el mismo frasco las abejas vivas y las muertas.

Es necesario procurar que el envase sea permeable al aire (tapa con poros). Las bolsas o los recipientes de material plástico no son adecuados. Las muestras se descomponen demasiado pronto en tales envases y pueden desintegrarse materias sensibles que escaparán a la observación. Además, las muestras descompuestas no permiten casi nunca la obtención de extractos filtrables, lo cual dificulta o hace imposible la técnica de análisis.

Panales con cría y polen

  • Deben enviarse no menos de dos frascos con cría y polen.
  • Si se observa afectación en la cría, deben enviarse los panales afectados.

Miel de abejas

Se enviarán al laboratorio no menos de 200 g de miel recolectada en los panales de la colmena.

Las muestras de miel se envasarán en frascos de boca ancha, preferiblemente de color ámbar, químicamente limpios, con cierre hermético (tapa esmerilada o de rosca).
Muestras de floraciones

Deben enviarse al laboratorio muestras de las floraciones de cosecha (nectaríferas y poliníferas) y otras floraciones de la zona visitadas por las abejas.

Cuando se sospecha de contaminación de las floraciones por sustancias químicas (fungicidas, herbicidas, acaricidas, insecticidas, emanaciones industriales, etc.) y se estime necesario aclarar la causa de la intoxicación, se tomarán una muestra de unos 150-200 g de plantas de los cultivos tratados, sobre los cuales se sospeche han volado las abejas.


Silveira Prado, Enrique A.; González Guerrra, Ana; Camacho Bordón, Synai
Intoxicaciones en las abejas, (con especial referencia a la Ecotoxicología y a la Obtención, Conservación y Remisión de muestras para Investigaciones Toxicológicas de Laboratorio). Revista Electrónica de Veterinaria REDVET ®, ISSN 1695-7504, Vol. V, nº 6, 6/2004. España. Veterinaria.org
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