Ganadería | Equinos
Herraje y competencia como factores que alteran el equilibrio hidrosalino en equinos fina sangre de carrera
Los incrementos de la natremia y osmolalidad postcarrera podrían explicarse por la redistribución acuosa debido al ejercicio, mientras que el aumento concomitante del VGA y la disminución del potasio intraglobular estarían influenciados por el incremento de las catecolaminas circulantes, descrito previamente, las que actuarían sobre receptores alfa adrenérgicos.
En muestras de sangre de 19 equinos FSC en plena actividad competitiva se estudió las variaciones del metabolismo hidrosalino experimentadas debido al estrés síquico producido por el herraje, analizándose además, en 8 de ellos, el efecto de estres físico y síquico que constituyen la competencia más al ambiente y manejo hípico en días de carrera. Las variables analizadas fueron VGA, natremia, kalemia, cloremia, osmolaridad plasmática y potasio intraglobular.
Inmediatamente después del cambio de herraduras se observó un incremento significativo sólo de la kalemia desde 3,5 ± 0,4 a 4,0 ± 0,3 mEq/l (p < 0,005), mientras que, una vez finalizada la carrera, se encontró un significativo incremento de la natremia, osmolalidad y VGA (p < 0,05), sin modificación de la kalemia.
El aumento postherraje de la kalemia podría explicarse por el efecto que, sobre los receptores alfa de hígado, músculo y glóbulo rojo, ejercen las catecolaminas liberadas por esa situación de estrés síquico.
Los incrementos de la natremia y osmolalidad postcarrera podrían explicarse por la redistribución acuosa debido al ejercicio, mientras que el aumento concomitante del VGA y la disminución del potasio intraglobular estarían influenciados por el incremento de las catecolaminas circulantes, descrito previamente, las que actuarían sobre receptores alfa adrenérgicos.
IntroducciónContrariamente a lo que ocurre en eventos de larga duración en que participan equinos fina sangre de carrera (FSC), no existen suficientes estudios en competencias de 1 a 2 minutos en que el esfuerzo realizado es supramaximal, acerca de los aspectos de la fisiología del ejercicio involucrados. Tanto las carreras de corta duración como las circunstancias previas a ella, pueden producir alteraciones metabólicas que pongan en juego mecanismos homeostáticos del animal, conducentes a mantener o a retornar a niveles normales una serie de parámetros, entre ellos, los correspondientes al equilibrio hidrosalino.
Dentro de las 24 horas previas a la competencia, los equinos FSC son sometidos al cambio de herraduras de trabajo (de fierro) por otras más livianas (de aluminio), adecuadas para la competencia. Este manejo podal constituiría una situación estresante que en mayor o menor medida podría influir en el rendimiento locomotivo posterior (Physick-Sheard, 1982), ya que los animales parecen asociar el cambio de herraduras con la inminencia de las contingencias propias de la carrera en que deberán participar (Revington, 1983).
Este estrés queda de manifiesto por el inquieto caminar que frecuentemente muestran los animales durante la noche previa a la competencia, con el consiguiente inútil desgaste físico (McMicken, 1983), lo que ha llevado a los entrenadores a poner animales menores como compañía u obstáculos que impidan el libre desplazamiento de los ejemplares por la pesebrera.
En estudios efectuados previamente se han caracterizado los cambios neuroendocrinos producidos por la carrera, encontrándose una alza considerable de las catecolaminas plasmáticas, concomitante con la elevación de cortisol, glicemia y volumen globular aglomerado (VGA) (Martínez y col., 1988).
En este trabajo, realizado en equinos FSC que normalmente se desempeñan en los hipódromos centrales de Chile, se estudian las variaciones del equilibrio hidrosalino que puedan ser producidas por situaciones estresantes, como el cambio de herraduras, donde predomina el estrés síquico, y la competencia misma, en la cual se suman el estrés físico producido por la carrera y el síquico causado por el ambiente y manejo hípico en días de reuniones oficiales.
Material y métodos
Se estudió el efecto del cambio de herraduras de trabajo (fierro) por otras de competencia (aluminio) en 19 equinos FSC, tomados al azar entre machos enteros, castrados y hembras, de 3 a 7 años de edad, declarados clínicamente sanos y compitiendo regularmente en los hipódromos de Santiago y Viña del Mar. El herraje fue efectuado un día antes o el mismo día de la carrera entre las 9:00 y las 12:00 horas, faena realizada por un herrador, demorando entre 15 y 30 minutos, según el estado de los cascos del animal.
A cada ejemplar se le tomó muestras de 20 ml de sangre por punción yugular, inmediatamente después y a los 60 y 120 minutos de finalizado el cambio de herraduras. Otra muestra fue tomada como control 24 horas antes del manejo podal.
Las muestras fueron obtenidas en menos de 25 segundos, utilizando heparina como anticoagulante y mantenidos a 0ºC, durante un tiempo inferior a 120 minutos, hasta la determinación del VGA por la técnica del microhematócrito. Simultáneamente, a 0,2 ml de sangre entera se le agregó 1,8 ml de agua bidestilada, dejándose 24 horas a 4°C, con el fin de obtener una hemólisis completa, para analizar electrólitos intraglobulares. Las muestras hemolizadas fueron guardadas a -20°C hasta su utilización. El resto de la sangre de cada ejemplar fue centrifugado a 1.500 x g x 20 minutos a 0°C en una centrífuga refrigerada Sorvall RC2B, con el fin de separar el plasma de los elementos figurados. Los plasmas fueron almacenados a -20°C hasta el momento de ser analizados.
A ocho ejemplares herrados en este estudio, que participaron en carreras de 1.000 a 1.200 metros, se les tomó también muestras de sangre 5 minutos después de finalizada la carrera, en el servicio clínico del mismo hipódromo, las cuales fueron sometidas al mismo procedimiento y análisis indicado anteriormente.
Mediante análisis de la sangre hemolizada efectuado por fotometría de llama, se determinó la concentración de potasio intraglobular aplicando la siguiente fórmula:

En los plasmas obtenidos se analizó sodio y potasio por fotometría de llama, cloruro mediante el empleo de un cloridómetro Büchler y osmolalidad determinada por el descenso del punto de congelación mediante un osmómetro Advanced 3W2.
La evaluación de las diferencias encontradas entre las distintas condiciones experimentales con respecto a la condición basal, se realizó analizando estadísticamente los resultados mediante análisis de varianza. Las diferencias significativas fueron sometidas a la prueba de Scheffé (Snedecor y Cochran, 1967).
Resultados y discusión
En las muestras de sangre obtenidas después del herraje se observó cambios importantes sólo para el potasio plasmático, el que aumentó significativamente recién concluido el cambio de herraduras, para posteriormente declinar paulativamente, a los 60 y 120 minutos, hasta valores semejantes a la condición basal inicial (figura 1). Sumultáneamente, no se observó una variación significativa en el potasio intraglobular en las muestras tomadas inmediatamente después del herraje (cuadro 1).
Esto hace suponer la activación del eje simpático adrenal, con la consiguiente liberación de catecolaminas (Martínez y col., 1988), las cuales estimularían receptores alfa adrenérgicos, induciendo un aumento de los niveles plasmáticos de potasio (Todd y Vick, 1971). Este incremento inicial del potasio plasmático se debería no tan sólo a la liberación desde hígado y músculo (Sterns y col., 1981; Robinsón, 1985; Martínez y col., 1990), sino también desde el glóbulo rojo, como parece observarse en este trabajo. Por otra parte, este aumento no sería secundario a un incremento de la glicemia, ya que se ha descrito que la hiperkalemia inicial en situaciones de estrés ocurre antes que la hiperglicemia y en momentos en que la concentración de glucosa plasmática es aún normal (Stems y col., 1981).
Figura 1. Efecto del cambio de herradura sobre el potasio plasmático en equino F.S.C.

* Diferencia significativa con respecto al período de reposo (p < 0,005).
Cuadro 1 Electrólitos plasmáticos, osmalidad, potasio intraglobular y vga en equinos fsc sometidos a cambio de herraduras.
| - | Reposo | Pos herraje | |||
| -- | n | -- | Inmediato | 1 hora | 2 horas |
| Sodio (mEq/1) | 19 | 133,2 ± 3,1 | 132,3 ± 2,9 | 133,2 ± 2,9 | 132,9 ± 3,1 |
| Potasio (mEq/1) | 19 | 3,5 ± 0,4 | 4,0 ± 0,3* | 3,8 ± 0,4 | 3,7 ± 0,4 |
| Cloruro (mEq/1) | 19 | 100,7 ± 2,3 | 99,9 ± 1,7 | 100,4 ± 2,6 | 100,0 ± 2,6 |
| Osmolalidad (mOsm/KgH2O) | 19 | 281,9 ± 4,4 | 280,6 ± 4,4 | 280,6 ± 4,5 | 280,5 ± 4,4 |
| Potasio g. rojo (mEq/I) | 19 | 94,4 ± 10,5 | 91,4 ± 10,8 | 91,2 ± 10,3 | 93,5 ± 10,3 |
| VGA % | 19 | 41,0 ± 4,0 | 41,2 ± 3,7 | 39,9 ± 3,9 | 41,0 ± 3,7 |
Los resultados están expresados como el promedio ± desviación estándar.
Diferencia significativa con respecto al control: * = p < 0,005.
Después del herraje, el VGA, y los valores plasmáticos de sodio, cloruro y osmolaridad no experimentaron cambios importantes con respecto a la condición basal, tanto inmediatamente como al cabo de una y dos horas después del herraje (cuadro 1).
Probablemente el cambio de herraduras sea un factor estresante que induce sólo una pequeña y fugaz liberación de catecolaminas, las que serían rápidamente degradadas por oxidación enzimática o captadas y almacenadas por las terminaciones nerviosas simpáticas (Thorton, 1985; Levine y col., 1989), lo que haría breve su acción hiperkalémica.
Esto se ve corroborado por el hecho descrito de que, 17 horas después del herraje, no se encontraron cambios significativos en los niveles circulantes de catecolaminas (Martínez y col., 1988).
En las muestras tomadas una vez concluida la carrera, se encontró un significativo aumento en el VGA, natremia y osmolalidad plasmática, sin modificaciones en los niveles de cloruro y potasio plasmáticos, mientras que el contenido de potasio globular disminuyó significativamente con respecto a los valores basales (cuadro 2).
Cuadro 2: Electrólitos plasmáticos, osmolalidad, potasio intraglobular y vga en equinos fsc después de la competencia.
| Reposo | Postcarrera | |
| Sodio (mEq/1) | 133,2 ± 3,1 | 142,0 ± 2,4** |
| Potasio (mEq/1) | 3,5 ± 0,4 | 3,5 ± 0,3 |
| Cloruro (mEq/1) | 100,7 ± 2,3 | 99,4 ± 1,2 |
| Osmolalidad (mOsm/KgH20) | 281,9 ± 4,4 | 322,0 ± 6,6** |
| Potasio g. rojo (mEq/1) | 94,4 ± 10,5 | 81,0 ± 5,3* |
| VGA (%) | 41,0 ± 4,0 | 62,6 ± 3,2** |
Los resultados están expresados como el promedio ± desviación estándar.
Diferencias significativas con respecto al control:
* = p < 0,05
** = p < 0,0001
El alza significativa de la natremia y por consiguiente de la osmolalidad plasmática, sería consecuencia de la pérdida de agua a través de las vías respiratorias y sudoración, y de una redistribución de los fluidos (Soliman y Nadim, 1967; Michell, 1979; Tasker, 1980; Snow y col., 1982; Kerr y Snow, 1983; Rose, 1986). Este incremento de la natremia estaría indicando la activación de mecanismos homeostáticos de conservación para este ion (Rose y col., 1977). Es probable que la aldosterona, induciendo una mayor reabsorción renal de sodio, haya contribuido a esto y secundariamente a una menor disminución del volumen del líquido extracelular (LEC), proveyendo así una respuesta endocrina apropiada para la protección, tanto de la composición electrolítica como de la volemia, durante el ejercicio (Thornton, 1985).
La estabilidad de los niveles plasmáticos de potasio, 5 minutos después de la carrera, a pesar de su disminución intraglobular, se debería al efecto modulador que ejercen los elevados niveles de catecolaminas circulantes sobre el balance interno de este catión (Sterns y col., 1981; Martínez y col., 1988). La acción de las catecolaminas sobre los receptores beta adrenérgicos en músculo estriado e hígado incrementarían la captación de potasio por esos tejidos, evitando alteraciones en la excitabilidad de las membranas plasmáticas, especialmente neuromusculares (Wang y Clausen, 1976; Sterns y col., 1981; Duane, 1986).
La ausencia de cambios significativos después de la carrera en los niveles de cloruro plasmático, sugieren que las pérdidas de este Ion a través del sudor no fueron suficientemente importantes como para alterar su homeostasis, a diferencia de las competencias de resistencias en que sus altas pérdidas en el sudor se traducen en una franca alcalosis hipoclorémica (Carlson y Mansmann, 1974; Rose col., 1977; Lucke y Hall, 1980; Snow y col., 1982).
Se ha señalado a la acidosis del ejercicio como un factor que interviene en el balance interno del potasio (Hladky y Rink, 1986), que posiblemente explique la significativa disminución del contenido de potasio dentro del glóbulo rojo, una vez finalizada la carrera, a través del intercambio de iones hidrógeno y potasio entre el LEC y el LIC. Sin embargo, se ha visto que la salida de potasio desde las células cesa antes de que la acidosis se resuelva (Sterns y col., 1981).
Por otra parte, la ausencia de modificaciones de la kalemia postcarrera, descrita en este trabajo, estaría señalando la necesidad de replantearse la participación del potasio como factor inductor de vasodilatación muscular en el ejercicio (Kjellmer, 1965; Kilburn, 1966); Es posible que esto sea consecuencia sólo de la mayor disponibilidad de adenosina muscular en circulación (Dobson y col., 1971; Durán, 1977).
Por el momento, la significativa caída del potasio intraglobular en las muestras postcarrera nos estaría señalando que en los glóbulos rojos es posible encontrar, a instancias de las catecolaminas, sólo el efecto alfa depletor y, si ello no trae como consecuencia un alza de la kalemia, se debe posiblemente a la eficiencia del efecto beta que secuestra potasio en músculo e hígado (Bowman y Nott, 1969; Wolfe y col., 1977; Sterns y col., 1981; De Fronzo y col., 1981; Martínez y col., 1990).
Trabajos experimentales in vitro avalan la hipótesis de que las catecolaminas podrían inactivar reversiblemente la función de los receptores beta eritrocitarios, situación que estaría explicando la conducta del potasio globular en presencia de las elevadas concentraciones de catecolaminas en la carrera (Mukherjee y Lefkowitz, 1976; Wolfe y col., 1977; Martínez y col., 1988).
Cabe señalar que no se ha observado ninguna correlación entre el contenido de potasio en el glóbulo rojo y los niveles plasmáticos de potasio en el caballo (Muylle y col., 1984a; Contreras y col., 1986). De acuerdo con varias investigaciones en humanos y con los estudios realizados en equinos, el contenido de potasio del glóbulo rojo estaría más bien reflejando el contenido total de potasio corporal (Muylle y col., 1984). Este hallazgo posiblemente tenga alguna importancia futura en el manejo de algunas patologías que alteran el balance hidrosalino. Además, siendo la biopsia muscular una técnica complicada para la determinación de potasio del músculo esquelético, el análisis del contenido de potasio del glóbulo rojo sería una útil alternativa.
El incremento del VGA observado en este estudio después de la carrera, hecho ya comunicado por otros autores (Persson, 1967; Revington, 1983; Snow y col., 1983; Rose y Allen, 1985), tendría dos orígenes: Uno sería la movilización de agua desde el lecho intravascular hacia los tejidos y el exterior (Keenan, 1979; Kerr y Snow, 1983; Kohler, 1987) y, el otro, la contracción de la musculatura lisa esplénica en respuesta a la estimulación alfa adrenérgica producida por el incremento de las catecolaminas circulantes, debido al ejercicio y a la excitación de la carrera (Persson, 1967; Snow y Mackenzie, 1977; Revington, 1983; Snow y col., 1983; Martínez y col., 1988).
El análisis de los resultados obtenidos en este trabajo nos permite proponer la medición de los cambios en el contenido de potasio eritrocitario como un método factible para evaluar un estrés producido por estímulos síquicos de pequeña envergadura, que actúa predominantemente a nivel del eje simpático-adrenal, sin que alcance a manifestarse la respuesta hipofisosuprarrenal. Es posible que el efecto "kalepoyético" de las catecolaminas sobre los receptores alfa eritrocitarios constituya la primera manifestación de la puesta en juego del sistema simpático-adrenal. Desde un punto de vista práctico, sería interesante comparar este efecto en ejemplares de distinto rendimiento hípico, ya que al observarse frecuentemente en equinos de elevado rendimiento una kalemia de alrededor de 3,7 mEq/ l, correspondiente al límite inferior del rango de normalidad (Williamson, 1974), podrían estos animales tener una mayor capacidad para mantenerla en valores bajos, a pesar de verse sometidos a las situaciones estresantes involucradas en la competencia.
White O., Allan; Reyes E.,Alejandro; Godoy P.,Adolfo. et al.
*Departamento de Fisiología y Biofísica. Facultad de Medicina. Universidad de Chile. **Departamentos de Ciencias Biológicas Animales y de Ciencias Clínicas Pecuarias. Facultad de Ciencias Veterinarias y Pecuarias. Universidad de Chile
Herraje y competencia como factores que alteran el equilibrio hidrosalino en equinos fina sangre de carrera. Avances en Medicina Veterinaria, Vol.5(2)
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