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Manejo de frutales: la fertilización de postcosecha

Las necesidades nutricionales anuales de un frutal dependen de los siguientes factores: especie y variedad; etapa de vida (formación o producción); y nivel de rendimiento. Ellas dicen relación con la cantidad de nutrientes que se requieren para permitir el crecimiento de raíces, tronco, ramas, hojas y frutos.

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Miércoles 29.12.2010Una de las prácticas agronómicas involucradas en el manejo de un huerto frutal es la fertilización. Dentro de esta práctica se definen dos grandes etapas: 1) fertilización de precosecha y 2) fertilización de postcosecha. En este artículo se aborda la segunda etapa mencionada.

Las necesidades nutricionales anuales de un frutal dependen de los siguientes factores: especie y variedad; etapa de vida (formación o producción); y nivel de rendimiento. Ellas dicen relación con la cantidad de nutrientes que se requieren para permitir el crecimiento de raíces, tronco, ramas, hojas y frutos.

El Cuadro 1 indica las necesidades nutricionales de diversos frutales en etapa productiva, para tres niveles de rendimiento.

Cuadro 1. Necesidades anuales de nitrógeno, fósforo y potasio de algunos frutales en etapa productiva para tres niveles de rendimiento.

Especie

Nivel de rendimiento (ton/ha)

Necesidades de N (kg/ha)

Necesidades de P2O5 (kg/ha)

Necesidades de K2O (kg/ha)

Manzano rojo

40
50
60

60 - 70
75 - 85
90 - 100

15 – 20
20 – 25
25 – 30

60 – 72
75 – 90
92 – 110

Vid para vino

6
8
10

22 - 25
28 - 32
34 - 40

6 – 9
8 – 12
10 – 14

24 – 30
32 – 40
40 – 50

Kiwi

15
20
25

70 - 80
95 - 105
120 - 130

22 – 27
30 – 35
38 – 42

80 – 90
105 – 120
140 – 155

Cerezo

4
8
12

25 - 28
50 - 55
75 - 80

6 – 7
12 – 14
18 – 21

25 – 28
50 – 55
75 – 80

Arándano

6
10
15

15 - 18
25 - 30
38 - 45

5 – 6
8 – 9
12 –14

15 – 18
25 – 30
38 – 45

Frambueso

10
12
15

55 - 60
66 - 72
82 - 90

20 – 22
25 – 28
30 – 35

60 – 68
73 – 80
90 – 100

El abastecimiento de nutrientes por parte del frutal proviene principalmente de dos fuentes:

1) El aporte del suelo.
2) El aporte de la fertilización.

En un sistema productivo en estado de equilibrio, es decir, donde la cantidad de nutrientes que ingresa al sistema es igual a la cantidad que sale con la cosecha y remoción de estructuras permanentes (material de poda y otros), las necesidades nutricionales anuales se asemejan a las señaladas en el Cuadro 1, y por lo tanto, la fertilización anual del huerto debe responder a este nivel de requerimiento.

No obstante, en aquellas situaciones en que las características del suelo generan una fijación considerable de algunos elementos, como por ejemplo fósforo en suelos de origen volcánico (trumaos), es necesario aumentar la dosis de fertilización a emplear.

Una vez determinada la dosis de fertilización anual a usar en el huerto, es necesario distribuir la aplicación de nutrientes en las etapas de pre y postcosecha.

Al respecto, se debe señalar que, el crecimiento inicial de la temporada en un frutal es sustentado por las reservas nutricionales y energéticas acumuladas en la temporada anterior, las cuales ocurren, principalmente, en la etapa de postcosecha.

De esta forma, en la vid para vino, por ejemplo, el uso de reservas permite alcanzar el estado de floración con un crecimiento adecuado, posterior al cual se hace necesario el aporte de nutrientes proveniente de la fertilización primaveral y de la dinámica nutrimental del suelo.

Por otra parte, la absorción de nutrientes desde el suelo en primavera se inicia con un desfase respecto al crecimiento de brotes, por lo cual, una buena acumulación de reservas en la temporada anterior será determinante para la obtención de un adecuado crecimiento y desarrollo durante la temporada sucesiva.

El crecimiento inicial de raíces en primavera se caracteriza por la generación de biomasa con alto consumo de azúcares, los cuales provienen, en gran parte, de la degradación de polisacáridos de reserva, y en menor parte de la generación de fotosintatos.

El período de postcosecha en un árbol frutal es aquel comprendido entre el término de cosecha de la fruta y el inicio del cambio de coloración de las hojas, el cual puede ser muy variable entre especies.

Por ejemplo, en un viñedo puede durar entre 30 y 45 días según la localidad; en cambio, en un huerto de cerezos puede durar entre 100 y 120 días. De esta forma, la cantidad de nutrientes a aplicar en los períodos de pre y postcosecha debe guardar relación con el tiempo que dure cada etapa.

Por otra parte, los frutales en general manifiestan dos períodos importantes de crecimiento radical:

1) Post brotación hasta la primera caída de frutos (post-cuaja).

2) Desde mediados de verano hasta fines de postcosecha, tal como se observa en la Figura 1. Por lo tanto, la parcialización de la fertilización debe también considerar esta variable fisiológica, ya que las raíces constituyen el órgano vegetal encargado de la absorción de nutrientes y agua.

Figura 1. Curva de crecimiento relativo de los diferentes órganos que componen un árbol frutal.

En términos prácticos, durante el período de postcosecha de un árbol frutal se debería aportar una fracción importante de la fertilización anual, pudiendo alcanzar un 40-50% del nitrógeno, y un 30-35% del fósforo y potasio.

El nitrógeno aportado en esta etapa fenológica permitirá aumentar las reservas orgánicas de este elemento al interior de la planta, principalmente en forma de arginina, acumulándose en raíces y yemas.

El fósforo también pasará a constituir moléculas orgánicas, que servirán como fuente de energía, en parte para sustentar las actividades fisiológicas asociadas al período de receso, y mayormente para la brotación primaveral.

El potasio, en tanto, cumplirá un rol enzimático y osmótico de vital importancia para mantener el metabolismo del frutal durante la etapa de receso, y permitir el crecimiento activo durante la subsiguiente brotación.


Juan Hirzel C. - Nicasio Rodríguez S.

Ingenieros Agrónomos, M. Sc.
Investigadores INIA Quilamapu, Chile
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