Agricultura
"No debemos quejarnos, sino agradecer el ser productores"
"Lucho" Martínez, un hombre de campo, instó a "laburar" para seguir en la actividad. Una trayectoria atravesada por todos los fenómenos climáticos, por el vaivén comercial y por radicales, peronistas y militares.
"Lucho" es parte de una tercera generación de Martínez. Leonardo Martínez vino de Navarra (España) en 1912 a San Miguel de Tucumán. En los 30 se instaló en La Ramada de Abajo y a fines de esa década, gracias a un plan crediticio del Banco Hipotecario (entonces estatal) pudo adquirir 50 hectáreas, tierra que hoy le pertenece a la familia de su nieto, "Lucho". "Cada casa de la zona tenía su economía propia, su gallinero, su chiquero y sus vacas. Entonces, en relación con eso, ¿qué había que sembrar? Maíz. Pero mi papá (Luis Valentín) siempre decía que ellos salieron de ser pobres gracias a la caña de azúcar. En 1950 ya todo estaba plantado con caña. Sin embargo, con la caña también sufrimos muchos traspiés, y el cierre de los ingenios del 66 fue un golpe terrible. Luego nos tocó el cambio cultural que significó el pase de la labranza convencional a la labranza en cero, en los 80. Los 90 expulsaron de la actividad a muchos pequeños y medianos agricultores. Pero nosotros pudimos seguir. Ahora estamos con la soja. El campo es como una zaranda, que va descartando productores. Pero nosotros todavía estamos agarrados. Esperamos que no nos volteen", se esperanza Martínez, ex dirigente de la Federación Agraria Argentina (FAA) y de la Cooperativa Unión y Progreso, que cumplirá 60 años en 2012.
"En el pago nuestro todavía siguen las mismas familias y se conservan tradiciones, como la fiesta de la paella, o algún festejo en la vieja sala del descanso de San Martín. Yo fui a esa escuela, la 313. En esa época, cada 17 de agosto los granaderos a caballo venían a hacer guardias de 24 horas", rememora.
Sin embargo, para "Lucho" la felicidad de aquellos tiempos está asociada sólo con la juventud, y no con una bonanza productiva. "Toda época tiene su parte buena y su parte mala. ¿Sabés lo que era en los 40, cuando te llegaban las mangas de langostas y no te dejaban nada? Es que no había insecticidas. Se asentaban por las tardecitas para hacer noche, y si tenías la desgracia de que la hacían en el campo, al día siguiente te levantabas y no quedaba nada de nada. Si viviera mi abuelo, diría: 'qué fácil que es producir hoy'", asevera.
Una bendición
Con una mirada crítica, pero serena y enterada de la historia, relativiza las consecuencias de los mercados y de la mano política en la actividad del agricultor. "A mí me ha tocado ser productor en la época de Menem. La década del 90 fue en la que más cayeron los pequeños y medianos agricultores. Gente muy buena, gente laburante, que por ahí no le pegó un año en la cosecha o malvendió y quebró. Pero no fue por culpa de Menem, sino de las reglas de juego del mercado", afirma. Ahora, con los Kirchner, la situación es al revés. "Pero seguimos en el campo -dice-. Estos commodities son una bendición para el campo, porque nos obligan a nosotros a producir cada vez mejor. Nos dicen empresarios, pero es un traje que, por lo menos a mí, me queda bastante grande. Esta es una profesión noble, pero hay que saber cuidarla. Las bocas del mundo son alimentadas por los agricultores; nuestra obligación es esa. Y debe ir ayudada de buenas políticas, pero, en particular, del buen desempeño nuestro. No tenemos que vivir quejándonos. Tenemos que estar agradecidos de la actividad. En todas las escalas, como pequeño, mediano y gran productor, uno puede prosperar. Yo he aprendido de mis padres, y ellos de sus padres. Yo he podido desarrollarme gracias al campo. Y mis hijos se están desarrollando. En la época de adversidades es cuando más tenés que remar".
Afirma que esta no es una etapa brillante para la producción, pero que tampoco es mala. "Esta es una época en la que el que hace bien los deberes anda bien. Hay que seguir luchando como siempre hemos luchado. Este es un país bendito. Mis abuelos vinieron aquí con una mano atrás y la otra adelante. Nuestros hijos pudieron llegar a la universidad. Tengo una hija doctora. Mi abuelo hubiera soñado con un profesional en la familia. En la Argentina hay oportunidades de trabajo. Si no te gusta esta profesión, cambiala. Pero hay que laburar, laburar y laburar", insiste.
Martínez se esperanza con que cuando llegue a viejo camine por La Ramada de Abajo y sigan los mismos apellidos que cuando era niño. "Señal de que aquellos pioneros pudieron sembrar una familia que supo sostenerse en el campo. Toda profesión tiene sus altibajos, no es que en el campo somos los únicos sufridos. Lo que pasa es que ahora estamos un poco más de moda", añade y se ríe. No quiere hablar de política. Quiere festejar hoy su día, el del Agricultor, en el pago, en La Ramada de Abajo. En el campo.
La Gaceta
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