Agricultura
La soja, cada vez más cerca
La visión panorámica, en la que a lo lejos se advierte la ciudad de Bahía Blanca, se pierde en el campo de soja.
Hoy, la soja se ha convertido en el cultivo más rentable de todos porque, básicamente, es el que menos inversión requiere. Casi no se utilizan fertilizantes y la clave es mantenerla despejada de malezas en base a glifosato. A esto se suma la baja de algunos insumos de implantación, por lo que el rinde de indiferencia podría situarse en los 750 kilos por hectárea, sin arrendamiento, y los 1.000 k/h.
Hoy, la soja se ha convertido en el cultivo más rentable de todos porque, básicamente, es el que menos inversión requiere. Casi no se utilizan fertilizantes y la clave es mantenerla despejada de malezas en base a glifosato. A esto se suma la baja de algunos insumos de implantación, por lo que el rinde de indiferencia podría situarse en los 750 kilos por hectárea, sin arrendamiento, y los 1.000 k/h.
En la víspera, la tonelada de soja cotizó 840 pesos (216 dólares), según la Bolsa de Cereales, Oleaginosas y Productores de Bahía Blanca.
Una muestra de la irrupción de la oleaginosa se aprecia en los doce partidos del sudoeste bonaerense: en 2001 se sembraron 104.000 hectáreas, contra 370.000 del año pasado. Igualmente, se trata del 7% de la producción bonaerense y del 2% del total de la Argentina que, en esta campaña, prevé cosechar 53 millones de toneladas.
Tres historias, con diferentes protagonistas de distintos sitios, tratan de explicar las razones del nuevo escenario de la agricultura regional.
"Había comenzado con siembra directa y, como una de sus premisas es la rotación, creí conveniente trabajar con soja después de años de hacer trigo sobre trigo", admitió Horacio Abrego, quien implantó 130 hectáreas a 25 kilómetros al noroeste de Bahía Blanca y a 12 al sur de Cabildo.
"Somos concientes de que no es una zona sojera; incluso, es hasta marginal para hacer agricultura. Por eso nunca la habíamos planteamos con una expectativa de rinde muy alta; tampoco por la rentabilidad", agregó.
Abrego empezó con la soja en 2006.
"No teníamos experiencia, pero no nos fue tan mal; alcanzamos 1.700 kilos (por hectárea). Los años siguientes fueron mejores y, en 2009, con mucha sequía, sólo cosechamos la semilla", contó.
Las 130 has. fueron implantadas el 28 de noviembre. Se trata de la variedad de ciclo intermedio RR de SPS 4900. Según afirmó Abrego, espera rindes --a hoy-- de entre 1.600 y 1.800 k/h, pero hasta fines de abril, cuando prevé cosechar, este valor presume extenderse en condiciones climáticas normales a las 2.000 k/h. Junto a la soja, hay 65 hectáreas de girasol. Abrego prevé que rindan alrededor de 1.500 kilos por hectárea, un valor también significativo para el lugar.
A 95 kilómetros al norte de Bahía Blanca, las malezas traían a maltraer a José María Galduroz.
"Empezamos a ver que nuestros campos se estaban malezando por la continúa siembra de cultivos de cosecha fina, trigo o avena, y girasol. Ahí fue cuando apareció la soja RR, todo un hito en el mundo por su facilidad de manejo", comentó. "Unos vecinos habían hechos unos lotes (de soja), pero con rendimientos dispares. Y, aún con una inversión importante, decidimos probar en 60 hectáreas. Al final tuvimos un rendimiento aceptable", sostuvo Galduroz.
"Dejamos la semilla y en varios lotes llegamos a cosechar alrededor de 2.000 kilos por hectárea, como en 2001. Pero también tuvimos fracasos", dijo.
El productor cabildense marcó la diferencia que establece la siembra directa.
"Con la SD siempre se tiene mayor perspectiva de rendimiento. El año pasado, por ejemplo, hicimos unos lotes en convencional y no pudimos reunir ni la semilla", manifestó. Para esta campaña, Galduroz adquirió dos variedades nuevas de implantación para la zona, como Don Mario 4870 y Don Mario 4670.
"Salieron muy buenas, Recuerdo que cuando arrancamos en 1998 fue con una 4100, que era un caballito de batalla de Nidera", contó. Las 400 hectáreas se sembraron el 20 de noviembre, a la vera de la ruta provincial 72 y a 11 kilómetros del acceso a Frapal. Fue en SD; se prevé cosechar el 10 de abril.
"Tenemos una expectativa de rinde de 1.800 kilos por hectárea", admitió.
En alguna ocasión también empleó una soja de ciclo corto, como la 2800 de Don Mario, que en la zona núcleo se utiliza de segunda.
"Acá la de segunda no funciona", aclaró Galduroz.
Jorge Grimberg administra un campo a 45 kilómetros de Bahía Blanca, al que se accede por la ruta provincial 51. "En realidad, decidimos sembrar soja para limpiar los potreros de gramilla", admitió. "La soja es una alternativa válida y, si no viene bien, la pensamos comer con los animales, que es otra de las posibilidades. Algo parecido hicimos con un maíz RR", sostuvo.
"Este año nos acompañó la lluvia y vamos a intentar cosecharla a ver qué pasa. De todos modos, creo que puede rendir cerca de 1.000 kilos. Y se supone que el campo quedará limpio", comentó Grimberg, quien además es presidente de la Asociación de Ganaderos y Agricultores de Bahía Blanca.
La siembra se realizó en 60 hectáreas el 15 de diciembre, en convencional, con semillas del grupo 3700. Además de glifosato, se emplearon 30 litros de fertilizantes.
El viento y el frío conspiran contra el desarrollo
El paso de la soja por una región marginal conlleva contratiempos. "Tenemos varias contras, como el viento y el frío. Por eso no vemos un gran desarrollo de las plantas", comentó Galduroz.
"En la zona núcleo se observa una soja tan alta como el alambrado, algo que acá no sucede. Ese estrés que sufre desde la implantación por una condición climática que difiere de la ideal repercute en el desarrollo", sostuvo. Destacó, en tal sentido, la importancia de los campos con arboleda y montes, que actúan como reparos.
"He probado en esos sitios y el crecimiento es mayor", dijo Galduroz.
"Esta zona no es de gran difusión para la venta de semillas y, por eso, la posibilidad de desarrollo todavía no está. Pero en un momento llegará, acaso con grupos de ciclos más cortos", agregó Grimberg. "Las limitantes son las heladas de noviembre, que te hacen sembrar más tarde. También las de fines de marzo", dijo.
Respecto de la semilla resistente a estrés hídrico para 2013, que han prometido varias firmas, Galduroz comentó que los trabajos de los investigadores están orientados a obtener mayor incidencia en la zona núcleo.
"Buscan semillas con mayor rendimiento y con mayor resistencia a enfermedades como la roya, que aparece por la humedad. Es natural que así sea", señaló. "No creo que a los semilleros les resulte atractivo ponerse a trabajar en una semilla; sería una inversión muy importante para una zona que no tienen grandes rendimientos. También entiendo que no hay interés de que la soja llegue al sur del país", agregó Abrego.
Guillermo Rueda
La Nueva Provincia
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