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El país podría perder un liderazgo

Hace más de una década que el país hizo punta con la soja

Hace más de una década, la Argentina hizo punta en el desarrollo de la soja transgénica con la desregulación de la tecnología RR y su adopción por parte de los agricultores locales. Entonces, nuestro país acompañaba el camino de EE.UU., tendiente a mejorar la producción de alimentos, con la oleaginosa como bandera.

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Sábado 13.03.2010En la actualidad, Brasil pasó a ocupar la vanguardia en el lanzamiento de nuevos eventos biotecnológicos en soja. En nuestro país, la limitante para el crecimiento no está en la tecnología, sino en el marco legal que regula la propiedad intelectual y el uso de semillas.

Hace más de una década, la Argentina hizo punta en el desarrollo de la soja transgénica con la desregulación de la tecnología RR y su adopción por parte de los agricultores locales. Entonces, nuestro país acompañaba el camino de EE.UU., tendiente a mejorar la producción de alimentos, con la oleaginosa como bandera.

Brasil era un jugador menor en lo que hace a la biotecnología moderna. Es que mientras la Argentina aprobaba la comercialización de la soja RR en 1996 y el cultivo genéticamente modificado llegaba al lote con una velocidad inédita, los estados del país vecino debatieron el tema durante años y su desregulación completa no llegó sino hasta 2003.

Esta situación incentivó el comercio ilegal de semillas y demoró la profesionalización de los brasileños en la materia, pero fundamentalmente provocó un fuerte atraso en su producción de soja. En tanto que aquí logramos, en el mismo lapso, expandir la frontera agrícola, mejorar nuestra productividad y disminuir los costos de manera muy significativa.

En los próximos años se espera la llegada de nuevas tecnologías que permitirían seguir avanzando en esta misma dirección. No obstante, es posible que muchas de ellas no estén disponibles para los productores argentinos, debido a la falta de un marco legal que incentive las inversiones de las empresas de biotecnología en nuestro país.
Relación invertida

La relación que llevábamos con Brasil se ha invertido. Ya no es la Argentina, sino el país vecino el que, luego de haber diseñado una estrategia para el pago de la tecnología, está a la vanguardia de los lanzamientos. Tanto es así que sus agricultores dispondrán, a partir de 2012, de variedades de soja apiladas RR2BT, que confieren resistencia a insectos lepidópteros y mayor rendimiento.

En la Argentina aún no existe una agenda para el lanzamiento de este evento y el futuro es incierto. Esta luz amarilla excede la carrera hacia 2012, cuando se lance en Brasil, porque en la medida en que aquí nos demoremos con el anuncio, también nos atrasaremos en el desarrollo de las variedades elite que maximicen su potencial.

Sucede que el desarrollo de un germoplasma elite, sobre el cual se monta una tecnología que otorga mejor rinde potencial y control de insectos, como el caso de RR2BT, requiere, al menos, seis años de investigación, con el aporte conjunto de herramientas de la biotecnología moderna y del mejoramiento vegetal tradicional.

Esto significa que el atraso en el lanzamiento en el germoplasma que necesita esa tecnología resignaría tener el mejor "chasis" elite en el cultivo, en términos de la industria automotriz. Sería como poder acceder a un nuevo sistema de airbags o de frenos ABS, en un vehículo de los años ochenta.

Recuperar liderazgo

La Argentina aún está a tiempo de recuperar el lugar de liderazgo que ocupó en el pasado. La limitante no está en la tecnología, sino en el marco legal que regula la propiedad intelectual y el uso de semillas en la Argentina, el cual desincentiva las inversiones y nos aleja de los últimos adelantos biotecnológicos. Es una decisión política.

Superar esta situación es un desafío que tenemos que asumir entre todos los actores: el Gobierno, los productores, los multiplicadores, los exportadores y las empresas de tecnología, para establecer un círculo virtuoso entre todos los eslabones de la cadena de valor de la soja, que nos permita volver a marcar la punta de la producción agropecuaria en América del Sur y en el mundo.


Gerardo Bartolomé
La Nación
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